ene 242004
 

Estoy convencido de que todo es una cuestión de posición.

Si esta silla, por ejemplo, no estuviera bajo mío sino en la sala de máquinas de un submarino ruso surcando el Mar de Bering, entonces la suave pana que la cubre estaría pronto cubierta de manchas de grasa que el descuidado mecánico Olek Tarevski le infligiría al apoltronarse cansadamente día tras día sobre ella, mientras que yo en este preciso instante caería irremediablemente al suelo.

Si San Telmo fuera un suburbio de Tokio, habría que cambiar las tarifas de las remiserías de la zona, porque no sería negocio cobrarle a alguien cuatro pesos con ochenta para ir a Corrientes y Callao.

Y si mi boca estuviera veinte centímetros más adelante, entonces sería todavía más tuya.

  4 Comentarios a “Cuestión de posición”

  1. tod@ un pueta!

  2. ¿más mía?

    (masmédula giróndica: mi lu/mi lubidulia/mi golosidalove/mi lu tan lu tan luz que me enlucielabisma/y descentratelura… etcétera).

  3. Ves, éso era lo que yo quería escribir, y no me salía.

  4. Si yo realmente no hubiera leído esto, si no hubiera estado aquí (aunque, ¿qué es estar aquí? ¿qué es estar?) no habría conocido esta verdad. Si yo pudiera no estar en mí, y en cambio estar en ella como puede estar un fantasma o un suspiro, sería todo mucho más fácil, lo aseguro, porque las palabras puentes frágiles torpes mensajeros rengos, jamás, jamás de los nuncas jamases (Peter Pan), logran que ella sepa realmente, como sólo puede saberse cuando no hay palabra vidrio que se interponga, lo que siento. Quiero que este teclado sea su espalda, que mis dedos, en lugar de presionar absurdamente teclas, dibujen corazones y, quizá, algunos ángeles… terrible la distancia que la imaginación, en medio del salto imposible, se empeña en hacernos creer que se puede salvar el abismo y no, durante la caída uno piensa, si yo no estuviera acá, y se sonríe, justo antes del fondo, que rara vez llega.

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