feb 282004
 

Mi ejercicio favorito para evitar que las visitas al supermercado sean una tortura insufrible es imaginar una hecatombe nuclear que nos confine a todos los compradores a pasar el resto de nuestras vidas dentro del local. Este escenario permite infinidad de divertimentos que aligeran el agobiante proceso de hacer las compras semanales.

Clasifico los comestibles en las estanterías de acuerdo a su fecha de expiración, para llevar un orden lógico a la hora de luchar contra la hambruna grupal. Compruebo si hay suficiente sal para conservar algo de la carne, a la manera del charqui de las épocas coloniales sudamericanas. Calculo para cuántos días de iluminación artificial nos alcanzarán las pilas y linternas. Miro de reojo a empleados y clientes, trazando futuras alianzas y conflictos a la manera de aquellos improvisados clanes en la autopista del sur de Cortázar. Hago una nota mental de la ubicación de los juegos de cuchillos parrilleros importados de China, armas invalorables a la hora de defenderme de los intentos de asesinato de mis eventuales enemigos.

Cuando llegue el momento, nadie podrá acusarme de estar mal preparado.

  4 Comentarios a “Supervivencia entre las góndolas”

  1. jejeje… pues sí imaginas eso yendo al supermercado… y vives en un bloque de pisos, es decir, con vecinos… no leas “Rascacielos” de Ballard… ;)

  2. Por supuesto que tu consejo funciona de manera completamente negativa, JIP: Ahora TENGO que leer “Rascacielos”, de don JG.

  3. Un amigo ponía todas sus perchas en el mismo sentido, de manera de poder retirar todas sus prendas rápidamente en caso de hecatombe nuclear. No, no, nada de incendios o inundaciones: hecatombe nuclear.

  4. Hombre precavido, mutaciones radiactivas al mínimo. Bien por él.

Lo siento, ahora mismo el comentario esta cerrado.