Posts de Mayo de 2004

Anticoncepción Oral

31 de Mayo de 2004

Luego de algunos días de descanso, y mientras los redactores de Amor Entintado trabajan de manera febril para ofrecer a su distinguida audiencia nuevo material original pergeñado durante estas vacaciones, matizamos la espera con un pequeño fragmento de una rutina de stand-up comedy de Woody Allen de mediados de los años sesenta. La chapucera traducción es responsabilidad de un servidor, y la compilación original puede encontrarse en el disco “Woody Allen, Standup Comic”, de Rhino Records.

[...] Estuve involucrado de manera personal en un ejemplo particularmente efectivo de anticoncepción oral hace un par de semanas. Le pedí a una chica que se acostara conmigo y ella dijo “no”.

Ayayay, esto ya parece la sección “Citas Citables” del Selecciones.

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Promesa

25 de Mayo de 2004

A partir de mañana, quemaré mis libros y jamás volveré a leer un verso ajeno. Mis paredes quedarán salvajemente desnudas de toda lámina brillante. Cerraré las ventanas para que ningún sonido se cuele en el aire de mi cuarto.

Y mis palabras serán las más mediocres y estancadas, y mis trazos serán mortalmente pálidos, y mis acordes se repetirán hasta el hartazgo, pero al fin me libraré de toda inspiración fuera de esta escasa, perezosa, vulgar, pero innegablemente propia musa.

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Esperanzas vanas

23 de Mayo de 2004


“Saco mi esperanza, igual que una deslumbrante joya,
y la guardo, otra vez sola”
Juan Ramón Jiménez


Mis esperanzas son tramas borrosas
de fantasías cifradas en claves confusas.
En los sueños abren cauces rosados y profundos.
Cuando despierto me alientan y elevan mi ánimo.
Echadas a vuelo trepan las aspas de los molinos,
que en su girar las dispersan al infinito.
Nacerán nuevas, una tras otra, como las olas del mar,
pero como éstas, pocas conservarán su espuma…

Los versos que hoy nos engalanan no son míos (como ya todos habrán sospechado por la calidad de los mismos), sino que pertenecen a un laureadísimo cuentista y poeta del Sur del Gran Buenos Aires, Enrique R. Fernández Anderson. Forman parte de su flamante libro “Poemas sobre mucho o nada”, todavía no disponible para el público en general, pero todo llegará a su debido tiempo. Mantengan las orejas peladas para captar más novedades al respecto.

Por una de esas casualidades injustas de la vida, a Don Fernández Anderson le tocó padecerme como nieto, y su inspiración y aliento son razones fundamentales para que Amor Entintado exista hoy. Así que ya saben a dónde dirigir sus reclamos. Ojalá que al pobre no se lo juzgue por este flagrante error en un océano de mayúsculos aciertos.

Y no se preocupen, que ya volverá este blog a su mediocridad habitual. Aprovechen este remanso brillante mientras dure.

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Aviso fúnebre

19 de Mayo de 2004

Falleció anteanoche el célebre director televisivo Julio Eurípides Mastronardi, víctima de una prolongada batalla con una persistente neumonía, agravada por un machetazo en la nuca propinado por un acreedor algo vehemente.

Mastronardi hizo sus primeras armas en el medio televisivo como camarógrafo de “El Zucundún del Sábado” en el viejo Canal 2, y se lo considera como el inventor de la ahora clásica toma “trasero bamboleante de bailarina visto desde abajo”. En meteórico ascenso, pasó en un corto tiempo a destacarse como director de diversos programas de TV por cable, tales como “El Show del Sindicato Metalúrgico” y “Cocinando con Yiya”.

Buscando expandir sus horizontes, Mastronardi se radicó en Miami, coincidiendo con la explosión en popularidad de los infomerciales, novel encarnación del mercadeo televisivo que le permitió arribar a la cumbre de su arte. La crítica especializada considera de manera casi unánime a sus series “Thighmaster Plus” y “Aspiradora de mano Tiger Tornado” como obras seminales que inspiraron miles de imitaciones en materia de iluminación, edición, fotografía y dirección general. Fue Mastronardi quien introdujo de manera precursora varios de los elementos que hoy aceptamos naturalmente, tales como el falso público que se muestra maravillado ante cada demostración de las características del producto en cuestión (no importa cuán inútiles sean éstas) y los entusiasmadísimos testimonios “reales” de “verdaderos” usuarios.

Dueño de una fina sensibilidad artística, Mastronardi no cejó nunca en su búsqueda de la más pura poesía visual, a pesar del constrictivo medio en que se desempeñaba. Ya consagrado, su costado más experimental se manifestó en obras tales como el comercial de “Weightloss Lightning Ultra”, de más de tres horas de duración, mudo (a excepción de una minimalista banda de sonido a cargo de Brian Eno) y filmado íntegramente en blanco y negro, con marcadas influencias de Buñuel, Dalí y Víctor Bo. Naturalmente, los elogios de la crítica contrastaron con el rotundo fracaso de los productos siendo publicitados, pero a esa altura de su carrera Mastronardi se encontraba más allá de cualquier tipo de condicionamiento comercial.

Durante su funeral, a modo de salvas de despedida, empleados de Sprayette cortaron por la mitad 21 zapatos con cuchillos Ginsu, sin que éstos perdieran un ápice de su filo.

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Imposibilidad del arte

15 de Mayo de 2004

A Héctor lo sorprende en medio de la mañana una inusual brisa de inspiración. Se le ocurre una idea maravillosa para un relato, una alegoría perfecta acerca de la angustia inherente al ser humano y la imposibilidad de olvidar un verdadero amor. En un papelito anota conceptos sueltos que supone fundamentales y suficientes: “bocado salvaje”, “un pequeño aullido”, “antiguos pasos retumban en la calle”.

Esa noche Héctor llega a su casa cargando siete tazas de café, un trámite casi eterno en el banco, dos desganadas peleas telefónicas y catorce cuadras de pies arrastrados desde la parada del colectivo. Se deja caer frente a la Remington, saca del bolsillo sus ajadas notas y desgrana un cuentucho horriblemente ordinario acerca de un perro salchicha que muerde a una vieja en la vereda.

Ideas fantásticas sobran, digo yo. Lo que faltan son instrumentos de plasmado inmediato.

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Coplas desde el Borda

11 de Mayo de 2004

Añoro tus caricias,
tu grácil, lento andar,
tus manos en mi cuello,
cada beso en el zaguán.
Te adoro con locura
demasiado literal.
Lástima que el síndrome
esquizoide bipolar
me inunde ahora de asco
y el odio más vulgar.
Pedazo de atorranta,
si me volvés a tocar,
te juro que te quiebro
de una piña el maxilar.

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Nostalgia

7 de Mayo de 2004

Cumpleaños en Talara

Mediados de los años ochenta. Una época más cándida e inocente, en la que era socialmente aceptable asistir a un ágape barrial en pantalones cortos y camisa. Por otro lado, los pantalones largos podían alegremente terminar veinte centímetros por arriba del tobillo, exponiendo las medias flúo en toda su cromática gloria. Los pisos de cerámica de toda la comarca brillaban, bruñidos como un sol, porque la Gran Escasez de Cera del 89 todavía no se vislumbraba en el horizonte. Las palabras no eran necesarias para sacar a bailar a las chicas; un cabeceo sobraba. Nunca importó que la canción fuera, irremediablemente, una y otra vez la misma. Al fin y al cabo, el otro siempre estaba ahí. Para qué pedir más.

Posando al sol en Talara

Esas piernas desnudas, algo chuecas a la altura de las alpargatas, todavía no soñaban con chapotear en un arroyo de tinta teñida de amor. Ese jardinero de rubio flequillo ni siquiera imaginaba los mares contra los que se estrellaría con sumo placer. Y sin embargo ambos ya sabían que veinte años no son nada cuando al fin los caminos paralelos se terminan por cruzar.

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Emoción violenta

5 de Mayo de 2004

Acostumbrado a que la angustia lo sofocara y lo asaltaran repentinas dudas, no se sorprendió demasiado cuando una preocupación se le acercó sigilosa por detrás y le encajó un sonoro coscorrón. Empezó a sospechar algo más grave aquella tarde en que la vergüenza, certera, le escupió en un ojo con inusitada saña. Luego, durante todo un fin de semana, un cardumen de ansiedades se empeñó en destrozarle metódicamente los tobillos a dentelladas.

Lo más triste es que ni siquiera atinó a sonreir amargamente mientras la desesperación lo estrangulaba por última (y fatal) vez, porque la ironía estaba demasiado ocupada sosteniéndole los brazos para que no ofreciera resistencia.

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