Posts de Junio de 2004
Relojeando tarariras
30 de Junio de 2004

Actualización: Baterflai, madrina espiritual de este blog y cerebro maquiavélico detrás de Literaturra y Mantantirulirula, descubrió con increíble exactitud los pensamientos de los protagonistas de la fotografía, y aquí nos los presenta:

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Pasiones
30 de Junio de 2004
No es necesario hacer un análisis muy profundo para enterarse de que todos aquellos que dejaron una marca en la historia de la humanidad (para bien o para mal) estuvieron guiados y alimentados por grandes pasiones. Me da la sensación de que una persona sin intereses, sin obsesiones, sin pasión, sólo puede aspirar a transcurrir desapercibidamente.
Pero también hay que saber elegir correctamente a qué va a dedicar uno su vida. Y me temo que, considerando mis pasiones (la cría de potus, el macramé, respirar), nadie está hoy planeando la construcción de mi panteón conmemorativo.
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Segunda claraboya desde la izquierda
28 de Junio de 2004

Durante este fin de semana que pasó, Los Entintados se tomaron un merecido respiro y remojaron las patas en las azules aguas caribeñas, así que es muy probable que por un tiempo los posts de este blog estén plagados de términos marítimos como “estribor”, “puente de mando”, “palo mayor”, “estos pescados de mierda que me hacen cosquillas en las pantorrillas” y “otra piña colada, por favor”. Sepan ustedes disculpar el entusiasmo, y ya volverán estas páginas a su tenor habitual de tierra firme.
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Tal cual
24 de Junio de 2004
Llegó a la esquina y se detuvo repentinamente, rígido como el rector de una escuela religiosa en Bavaria a principios de siglo veinte. Miró a su alrededor, nervioso, como si sus ojos siguieran el vaivén enloquecido de la pelotita de ping pong durante una final olímpica. Un sudor frío como el estetoscopio de un médico esquimal comenzó a escurrirse por su sien. La certeza, definitiva como un silbato final, se le instaló en el corazón: su vida estaría de ahí en adelante condenada a ser una serie de comparaciones estúpidas, insoportables como estas líneas que, por suerte, aquí terminan.
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Curaçao
23 de Junio de 2004

Curaçao es así, pero en colores.
Tarea para el hogar: imaginarse qué colores.
Ahora esperen a que suene el timbre del recreo, y salgan en orden.
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Impresiones de un encuentro fugaz con George Hamilton
20 de Junio de 2004
- Las cámaras no sólo agregan cinco kilogramos de peso, sino que además incrementan la altura alrededor de veinte centímetros.
- Es absolutamente posible estirarse la cara hasta el punto en que las orejas se toquen cerca de la nuca.
- No importa cuán glamoroso sea uno, a cierta edad es obligatorio que la cintura de los pantalones sobrepase la línea del ombligo.
- Un lunar en el punto exacto del rostro bien puede resultar el pasaporte a una vida de fama y excesos.
- Nunca, nunca debe uno excederse en el uso de la cama solar. Nunca.
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El camino menos pensado
17 de Junio de 2004
El príncipe heredero, alto, atlético y misterioso, sale raudo de su castillo. Desestima con un mínimo gesto el corcel que un criado le ofrece al pie de las escalinatas y sigue su camino a paso firme, la impecable capa encarnada flameando en la leve brisa de la mañana. Mientras surca las semidesiertas callejuelas del pueblo y el eco de sus pisadas sobre el empedrado se multiplica en callejones y zaguanes, Feliciano (tal el nombre del noble caminante) aprieta en su puño el mango de un bruñido sable todavía envainado. Su semblante procura mantenerse impasible, pero destellos de un corazón roto se pueden adivinar en los ojos enrojecidos y el tenso rictus que maltrata sus labios delata la virulenta sed de venganza que impulsa su carrera.
Algunas cuadras más adelante, su trayecto lo lleva a cruzarse por un instante con Salvador, un cuarentón algo regordete de expresión entre bonachona y somnolienta, ataviado con un descolorido traje de fajina y cargando un morral algo raído. Sus miradas no se encuentran y ninguno de los dos da señales de notar la existencia del otro. Feliciano continúa calle arriba y Salvador espera en la esquina durante unos minutos la llegada de sus compañeros de trabajo en el taller de tornería, para que la charla haga más llevadera la marcha.
Salvador pasa la mañana moldeando patas de sillas y cajones de aparadores, silbando canciones que aprendió de pequeño, feliz porque hoy no hace tanto calor como en los días pasados y además el fin de semana está casi al alcance de la mano. Durante la hora de almuerzo, cruza a la plaza y mastica despacio a la sombra de un nogal los tres damascos que su esposa anoche colocó en su morral, limpios, frescos y perfumados. El resto de la tarde transcurre en medio de esa ensoñación que sólo los viernes pueden provocar.
De vuelta en su casa, Salvador cuelga su gorra en el gancho junto a la puerta y abraza por detrás a su mujer, besándola en el cuello mientras ella ensaya unas quejas risueñas y termina de preparar la cena. Su hijo lo convence de sentarse con él para un rápido juego de naipes, y entre mano y mano le cuenta en frases atolondradas acerca de su día en el colegio y las travesuras que sus compañeros (jamás él, por supuesto) le infligen a la pobre maestra nueva. Mientras dan cuenta del sabroso guiso sentados a la mesa, Salvador a veces mira a su familia y sonríe sin motivo aparente, contento simplemente por estar allí.
Más tarde, al apoyar la cabeza en la almohada, llenándose los pulmones con el aroma de las sábanas recién lavadas y los oídos con el suave rumor de su esposa dormida, sólo una pequeña duda mancha la sensación de plenitud que lo invade: ¿Por qué diablos el tarado del escritor decidió quedarse con el recuento de su chatísima vida en lugar de seguir con la historia del príncipe vengador que, convengamos, tenía muchas más posibilidades de despertar un mínimo interés en los sufridos lectores?
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Aviso administrativo temporario
17 de Junio de 2004
El hosting de mis comentarios (Brinkster) anda medio retobado. Oremos todos por una pronta recuperación. Amén.
Les dije que este blog era mufa.
Actualización y postdata: Estas líneas sólo existen para contradecir el título y asegurar, a pesar de que Brinkster ya funcione de manera decente, que este post se mantendrá aquí in eternum, porque se nos canta. Nada en esta vida es temporario, excepto la vida misma. Y algunas otras cosas, claro, pero no vienen al caso.
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