Posts de Julio de 2004

Talento

28 de Julio de 2004

Roberto vive triste. Constantemente siente que hay algo a lo que debería estar dedicando sus días, pero no sabe exactamente qué es.

“Miralo a Maradona”, piensa en voz alta, torturando a los pobres desgraciados que tienen la mala suerte de sentarse a su lado en el tren. “Alguien a los tres años le puso una número cinco en los pies e instantáneamente él supo que estaba destinado a hacer maravillas. Y ahora, años después, aunque está gordo y viejo y bastante arruinado, todavía no perdió ni un poquito de esa magia. Le tiran un cascote y puede hacer jueguito durante tres horas. Pero imaginate lo siguiente: ¿Y si el Diego nacía en Nepal o Burkina Faso? Lo más probable es que jamás en su vida se fuera a cruzar con una pelota, y hoy sería panadero o cuidador de cabras o, peor, contador.”

“¿Y yo? ¿Y si yo soy un genio para el patinaje sobre hielo? ¿Y si en realidad nací para revolucionar la física nuclear? O, quién te dice, por ahí soy un actor del carajo. Pero en la puta vida de Dios voy a pisar un escenario o un lago congelado o un reactor atómico.”

“Y eso, el desperdicio de mi talento natural, me mata.” A esta altura, su eventual compañero de viaje seguramente ya huyó espantado y Roberto se queda en silencio, mirando por la ventanilla y tragando con dificultad la angustia que se le agolpa en la garganta.

En unos pocos años, Roberto se va a morir, amargado y solo, sin nunca terminar de conocer el fabuloso talento con el que fue bendecido: nadie en el mundo jamás se preocupó de manera tan fantástica por semejantes estupideces sin sentido.

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Adiós de siesta

22 de Julio de 2004

Barro y grises afinan en terceras
la calle que susurra en adoquín y lluvia
y adentro mis almohadas que son sordas
entran a destiempo al coro
              de este barrio de Noviembre
que se muere en una cama de ceniza
mientras caen, despacio, uno por uno,
todos los ases de mis sucias mangas.

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Desde el piso siete

18 de Julio de 2004

Vista desde un balcón en el séptimo piso en algún lado

Algunos sólo verán una fotografía espantosamente mediocre. Otros, como yo, se maravillan con un desfile de luces en honor de la vuelta al ruedo de cierta mariposa, más verdosa que nunca.

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Destino nominal

14 de Julio de 2004

Sherlock Álvarez paseó lentamente la mirada por la habitación, deteniéndose por varios segundos aquí y allá y forzando el entrecejo en una expresión deliberadamente concentrada, para beneficio exclusivo de la media docena de oficiales de segunda línea que trabajaban en la escena del crimen.

Íntimamente, sin embargo, nada justificaba tan concienzuda estampa. Como siempre ocurría, para él ningún elemento del lugar podía transformarse en pista o indicio. El espejo resquebrajado, las fotografías instantáneas desparramadas sobre la alfombra, ese solitario zapato de hombre bajo la cama, aquel críptico mensaje labrado en la pared con un cuchillo ensangrentado: nada de ello tenía el más mínimo sentido en su cabeza. El mecanismo deductivo le resultaba completamente ajeno e inescrutable.

Cuando sus ojos se detuvieron en la maraña de cabellos revueltos, uñas rotas y profundos tajos carmesí que se desparramaba sobre la cama, no lo soportó más. Disimulando torpemente la repulsión que lo invadía, dio media vuelta y salió de la habitación casi al trote.

Mientras vomitaba lo más silenciosamente posible en un rincón oscuro del jardín, maldijo entre susurros por enésima vez a su madre y su particular sentido del humor al bautizar a sus dos hijos. De pequeño él había soñado, como todos, con ser bombero o astronauta. Ya de adolescente, al momento de inclinarse por una carrera, jugueteó con la idea de estudiar arquitectura o dedicarse a las letras. Pura ilusión inconducente, porque la vida se encargó de comprobarle que con un nombre como Sherlock no hay forma de escaparle al destino. De nada importó su rotunda incompetencia para ese oficio que le había sido impuesto en un Registro Civil apenas horas después de haber nacido.

Arrastrando los pies camino de vuelta hacia su dantesco presente, pensó en su hermano menor con una mezcla de admiración y envidia. Si bien ser mayordomo podía ser considerado denigrante y monótono por algunos, para Sherlock hubiera sido un bálsamo comparado con el infierno de las investigaciones criminales. Definitivamente, Perkins Álvarez la había sacado barata.

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Patio inundado

8 de Julio de 2004

Aljibe rebalsado

¡Zoilo! ¡Zoilo! ¡Llamá al plomero! ¡El aljibe del patio rebalsó de nuevo!

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Bit a bit

5 de Julio de 2004

Empecé borrando emails y otras pavadas,
punto docs y jpegs, besos zipeados.
Un rotundo shift delete, sin reciclado,
luego format y fdisk, siete pasadas.

Al exilio digital vas condenada.
Hoy reimprimo cada foto en las repisas
retocando y destrozando tus sonrisas
hasta sólo yo quedar, besando nada.

Filtré tu IP en mi firewall, hackeé tu blog.
Son en vano estos mil clics y reseteadas.
No existe filtro ni plugin en Photoshop
para esfumar tu fantasma de mi almohada.

(Huevada inspirada por el fantástico tango Viejo Link, de Rubén Rubén, al que llegué a partir de este artículo en El Lomo)

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