Destino nominal
14 de Julio de 2004
Sherlock Álvarez paseó lentamente la mirada por la habitación, deteniéndose por varios segundos aquí y allá y forzando el entrecejo en una expresión deliberadamente concentrada, para beneficio exclusivo de la media docena de oficiales de segunda línea que trabajaban en la escena del crimen.
Íntimamente, sin embargo, nada justificaba tan concienzuda estampa. Como siempre ocurría, para él ningún elemento del lugar podía transformarse en pista o indicio. El espejo resquebrajado, las fotografías instantáneas desparramadas sobre la alfombra, ese solitario zapato de hombre bajo la cama, aquel críptico mensaje labrado en la pared con un cuchillo ensangrentado: nada de ello tenía el más mínimo sentido en su cabeza. El mecanismo deductivo le resultaba completamente ajeno e inescrutable.
Cuando sus ojos se detuvieron en la maraña de cabellos revueltos, uñas rotas y profundos tajos carmesí que se desparramaba sobre la cama, no lo soportó más. Disimulando torpemente la repulsión que lo invadía, dio media vuelta y salió de la habitación casi al trote.
Mientras vomitaba lo más silenciosamente posible en un rincón oscuro del jardín, maldijo entre susurros por enésima vez a su madre y su particular sentido del humor al bautizar a sus dos hijos. De pequeño él había soñado, como todos, con ser bombero o astronauta. Ya de adolescente, al momento de inclinarse por una carrera, jugueteó con la idea de estudiar arquitectura o dedicarse a las letras. Pura ilusión inconducente, porque la vida se encargó de comprobarle que con un nombre como Sherlock no hay forma de escaparle al destino. De nada importó su rotunda incompetencia para ese oficio que le había sido impuesto en un Registro Civil apenas horas después de haber nacido.
Arrastrando los pies camino de vuelta hacia su dantesco presente, pensó en su hermano menor con una mezcla de admiración y envidia. Si bien ser mayordomo podía ser considerado denigrante y monótono por algunos, para Sherlock hubiera sido un bálsamo comparado con el infierno de las investigaciones criminales. Definitivamente, Perkins Álvarez la había sacado barata.
Archivado en: Relatos Sin Razón
16 comentarios
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Caso similar el de Godínez.
De la misma forma que un Genaro solo podría ser panadero.
O un Giusepe, carpintero.
Hablando cuasi-seriamente, creo que “Adolfo” es un nombre que quedó un poco manchado para siempre y puede llegar a incomodar a quien lo lleve. No sé, se me ocurre.
Brindo embriagado por tu inteligente talento.
Tu lugar da poderosa muestra de el.
Un saludo
Fafo: Es que esta historia está muy inspirada en Godinez, mi musa oculta. El nombre Godinez justamente te predestina para ser un mayordomo o un amigo medio pelotudo del Chavo.
Fantasma: Por suerte, yo tengo un amigo Adolfo que me arregló ese nombre para siempre.
Norman: Y yo me quedo sin palabras ante tanto elogio. Muchas gracias, y no se embriague tanto que no va a poder andar en moto después.
Un dato revelador: El actor que interpretaba a Godinez era (falleció) el hermano de Gómez Bolaños.
Imagino que ahora comienzan a entender el funcionamiento del universo.
Bueno, le tocó emular en nombre a un misógino heroinómano…
Peor hubiera sido heredar proverbialmente el espíritu casposo y contrahecho de Colombo…
Me has hecho recordar que cuando era una niña, tenía un compañero en el colegio que se llamaba Juan Ramón Jiménez. Se habrá comprado un burro y le habrá puesto Platero? Se habrá hecho poeta? Se habrá hecho :D?
Madre no hay más que una y a él lo encontró en la calle. Que los dioses nos predestinen la existencia ‘ya jode’, pero que la madre la teledirija es la ‘rehostia’. Perdón por las expresiones altisonantes.
Fantasma: Gran verdad. Creo que para diferenciarse no usaba el Bolaños sino sólo el Gómez. O al revés, pero la idea es la misma.
Adrián: O la alopecia y la adicción a los chupetines de Kojak.
Moonsa: Bueno, si es como Sherlock Álvarez, entonces se habrá hecho escritor y poeta, pero debe de odiar cada palabra que sale de su pluma.
Anónimo: Faltaba más, puede usted ser tan altisonante como le plazca en este rincón. ¡Gracias por la visita!
Contrariamente a lo que les sucede a tus personajes yo conocí estas otras personas que el destino les deparó suertes dispares sin ralación con sus nombres:
Elvis Mancebo, despachó medicinas en una botica debajo de una escuela de flamenco.
Mao Setúbal, fue un portugués niño de papá, muy de derechas, se mato en su Ferrari amarillo.
Evita Barbón, peluquera, que se caso con un señor que decía ser hijo muy bastardo de un rey. Fue buena persona. En su pueblo, Argentona, aun se conserva su melena rubia incorrupta y se pide su canonización.
Groucho Seisdedos era mudo y manco decían que era muy ingenioso haciendo chistes con los pies pero murió arruinado porque le olían muy mal.
Darwin Mico, ilustre predicador presbiteriano de extrañas facciones simiescas, murió demente insistiendo que era Adán
Wolfgang Amadeus Menen-dez, le expulsaron de 5 colegios, pero terminó triunfando en política. Cambio el himno de su país por un bolero de su invención, lo que provocó su declive. Hoy esta en prisión sin motivo, pero a nadie le preocupa.
Juan Pablo Sansegundo, un atleta, un tipo simpático, se rodeo de gente con mucho poder a la que hizo caso y por ello no terminó (como) el primero.
QUE LARGO Sorry. me largo.
itn: Usted sí que tiene amigos interesantes. Y no se preocupe, que si son comentarios de esta calidad, puede hacerlos tan largos como desee. Muchas gracias por pasar, y sea bienvenido cuando guste.
yo conozco a una ginecologa de apellido chacon, no es joda, y a un veterinario de apellido Perruno, les juro!!!
Tu hermoso post me hizo acordar de ellos…
Lilian: Como yo soy muy correcto y nada soez, no le voy a mandar saludos a la Dra. Chacón de parte de mi hermana, mi madre, mi tía o mi lora. ¡Besos!
Peor es llamarse Alvaro Alvarez o Rodrigo Rodriguez, que los hay…
Adrián: Me acuerdo de un señor español que escribía cómics (o escribía acerca de cómics) que se llamaba Fernando Fernández, y no sabía yo si admirarle la coherencia nominal o lamentarle la falta de fantasía.