Posts de Septiembre de 2004
Varoncito, dijo la partera
27 de Septiembre de 2004
El evento amerita mucho, muchísimo más que estas escuálidas líneas, pero en este momento el cansancio gana por amplia goleada. De todas maneras, quería sacudir un poco la sensación de abandono de este rincón y dar una señal de vida.
Valga entonces este post como un breve prólogo a lo que pronto vendrá: un profundo análisis sin tapujos acerca del fascinante submundo que involucra, en extraña sociedad, a la industria de los pañales descartables, el gremio internacional de las enfermeras, y la felicidad más completamente absoluta.

Y me van a tener que disculpar si por unos días este blog se pone extremadamente monotemático.
Bienvenido, Mateo, pasá y ponete cómodo. Te estuvimos esperando.
Archivado en: Tinta Personal | Comentarios: 28 comentarios
Croma
20 de Septiembre de 2004
Él mastica todo sepia convidado
evitando atragantarse de plateado,
esperando sin poder cruzar los brazos
el segundo rojo puro, ese zarpazo
con que ella, en un gesto descuidado,
le destroce cada gris en cien pedazos.
Archivado en: Rimas Impunes | Comentarios: 16 comentarios
Popstars
14 de Septiembre de 2004
Hará unos ocho o diez años, junto a mi gran amigo (y eventual testigo de casamiento) Germán conformamos un dúo musical que ofreció, si la memoria no me falla, la fantástica cantidad de dos (2) recitales. En ambas sublimes ocasiones, descerrajamos nuestra letal mezcla de clásicos de Nino Bravo, Oasis y Los Parchís ante una cautiva y, seamos sinceros, altamente intoxicada audiencia de amigos y conocidos durante sendas fiestas de cumpleaños.
Hasta donde yo sé esta sociedad musical jamás se disolvió formalmente, por lo que quizás el futuro nos depare aquel esperado concierto de reunión que le debemos a la comunidad artística toda. Desempolvaremos guitarras y teclados, repasaremos nuestras arrugadas partituras y demostraremos que, efectivamente, las fuerzas armadas deberían prohibir de una vez por todas que manipulemos cualquier tipo de instrumento musical.
Sin embargo, y a pesar de tanta ineptitud melódica, nuestro dúo tenía un nombre que aún hoy considero fantástico: “Claudia y las nenas”. Germán, luego de presentarnos en escena, decía mientras me señalaba: —Por si se lo están preguntando, él no es Claudia y yo no soy las nenas.
La cuestión es que antes de elegir este nombre en particular barajamos varias otras opciones que terminaron quedando por el camino. Desde este desvencijado púlpito, en un intento de aporte a la comunidad, hoy ofrecemos públicamente esta lista de posibles nombres para bandas musicales, con la certeza de que quien tenga el poco tino de utilizar alguno de ellos seguramente hará un papel mucho más digno en la escena musical que el que jamás nosotros pudimos lograr.
Sin más rodeos, la lista:
- Tachame La Doble
- Los Dislxéicos
- El Cosito Ése De Ahí
- Bonanza y Los Ponderosos
- A Veces Pasa
- Recital Suspendido Por Lluvia
- Planck y Sus Constantes
- La Vincha Flúo de Guillermo
- ¿Tenés Merthiolate?
- Los Repuestos de Rivadavia
- Mentira y Los Patas Cortas
- Ponele Que Sí
- Araujo Miente
- Los Falsos Auténticos Decadentes
- Calamarettis En La Rambla
Los ilustres visitantes, por supuesto, quedan cordialmente invitados a dejar sus aportes a esta lista en la sección de comentarios.
Archivado en: Corcheas y fusas | Comentarios: 39 comentarios
Canción del momento III
8 de Septiembre de 2004
Vivo acá donde vivo desde hace un par de años. Y como todos somos permeables y respiramos en ósmosis permanente, ahora luzco orgulloso mi lado tropical. Estas Lágrimas Negras, del disco homónimo de Bebo Valdés y Diego “El Cigala”, valen como perfecta muestra.
Descubrí este disco gracias a mi admiradísimo Diego Manso, maestro curador de Falatório. Sin pedir ningún tipo de permiso (no tengo demasiado para perder en un juicio por derechos de autor), le tomo prestado un par de párrafos en los que desgrana el espíritu del disco de una manera que jamás yo podría lograr, como si hubiera estado sentado ahí, fumando un cigarrillo en un costadito del estudio.
Entre Bebo Valdés y Dieguito “El Cigala” median cincuenta años. Uno, abandonó Cuba a principios de los sesenta para radicarse en Estocolmo. El otro, que recibiera su bautizo artístico por gracia de Camarón de la Isla, aparece en los tempranos noventa como heredero del mejor linaje flamenco. Juntos, grabaron en apenas algunas jornadas, un disco milagroso que se dio en llamar “Lágrimas negras”. Un título que no debería entenderse como otra cosa más que una mera fórmula: la pluralidad de lágrimas que brota de las canciones no admite clasificaciones ni matices capaces de contenerla. Si vamos a llorar, hagámoslo bien.
[...]
El dolor puede ser desmenuzado en miles de dolores. Puede doler una sola palabra, aunque no necesariamente la palabra entera. Puede doler una sílaba. Esto lo sabían Amália Rodrigues, Nina Simone o La Lupe. Lo sabe Chavela Vargas. El dolor puede fragmentarse, invadir, volverse rumiadura. Diego “El Cigala”, constantemente comentado por el piano de Bebo Valdés, proyecta el dolor en miles de dolores. Entiende de lágrimas y saudades, de punzadas y espeluznos.
[...]
Tal vez, “Lágrimas negras” sea la biografía del corazón. Del dolor de amor su parlamento. De la vida entera, quizás, algo de su belleza.
Pueden leer el resto acá (Falatório no tiene páginas individuales para los posts, así que busquen la entrada correspondiente al 9 de Marzo).
Y ahora, bajen las luces, sírvanse una copita de ron y empiecen a bailar despacito con la memoria de lo perdido.
Mejores dos segundos®: Diría que los mejores dos segundos son todos, pero para no hacer trampa elijo el momento mágico en que la canción cambia de paso y entra al trotecito a los estribillos finales.
Archivado en: Corcheas y fusas | Comentarios: 10 comentarios
Postales de un refugiado
5 de Septiembre de 2004
El Jueves por la tarde dan la orden de evacuación. Armar el bolso para una ausencia difusa, de horas que se podrían transformar en días, no toma demasiado tiempo: ropa, material de lectura, una baraja española para el chinchón, una radio, pilas, algo de comida chatarra. Cuando lo cierro y me lo cuelgo al hombro, lo siento algo liviano. Vuelvo a abrirlo para revisar y compruebo con desazón que de todas maneras no hay lugar en ese bolsito de lona para lo que me está faltando. El escudo protector electromagnético inexpugnable made in Japan que compré online en Amazon hace unos meses para evitar que nada malo les ocurra jamás a la Entintada y El Pulga (futuro endiablado puntero derecho y su okupa uterino desde hace ocho meses) es demasiado grande y pesado para llevar con nosotros. Parece que cuidarlos será responsabilidad exclusivamente mía, entonces.
La Entintada, tranquila, me mira sonriente y se acaricia la panza mientras subimos los bártulos al auto. Esta pobre gente no sabe en quién están confiando su bienestar.

El hotel/refugio es un crisol de razas, si se me permite la trillada expresión. Italianos (que de lejos suenan igual a cualquier porteño chanta), españoles, una pareja de dinamarqueses vestidos casi iguales, colombianos, cubanos (por supuesto). Nosotros, entre hoscos y retraídos, sólo hacemos buenas migas con una nena que acusa cuatro años pero muestra sólo tres con los dedos y nos pasamos el resto del tiempo tirados en la cama, durmiendo o leyendo al ritmo del viento.
En la mesa del desayuno, escucho la conversación de la mesa de al lado mientras mastico un panqueque con aire distraído (mis antenas parabólicas son herencia materna). Un dominicano grandote, de mostachos imponentes y aspecto de luchador mexicano, le cuenta al padre de nuestra pequeña amiga que es de Queens, New York, y ésta es su primera visita al sur de Florida. Después comenta que se dedica al diseño de moda femenina y mi lado prejuicioso me dicta que, la verdad sea dicha, su tipo físico no coincide en absoluto con el estereotipo habitual del oficio que pregona.
Un rato más tarde, mientras fumo sentado en un banco junto a la puerta del hotel, veo pasar a nuestro Versace latino, luciendo unas chancletas chinas de color fucsia furioso. Admirado, tengo que admitir que le quedan espectacularmente bien.

Se corta la luz. Como no llueve demasiado y el viento nos da un respiro, salimos a buscar una linterna, para poder pasar la noche sin reventarnos el dedo meñique del pie contra la pata de la cama cuando intentemos ir al baño.
Encontramos, casi de milagro, un minimercado abierto en la calle que bordea el aeropuerto. Otra pequeña sucursal de la OEA, con representantes de cada país latinoamericano pululando en la penumbra entre las góndolas. La muchacha delante mío en la cola para pagar pide unos cigarrillos en español y el cajero advierte su acento.
—Eres paraguaya, ¿no?
—Sí, sí—, sonríe la chica, con cara de circunstancia.
—Ah, entonces Margarita va a querer hablar contigo—, dice el tipo, y enseguida vocifera, mirando hacia el fondo del local: —¡Margarita! ¡Vente para aquí, que ella es paraguaya!
La pobre muchacha se queda ahí parada, con la sonrisa congelada y el dinero en la mano, sin saber bien qué esperar de la situación. A los pocos segundos aparece una señora muy mayor, bajita y rechoncha, que sin ningún tipo de rodeo o presentación saca del bolsillo una tarjeta telefónica prepaga, y le espeta:
—Ayer hablé a Asunción con ésta de veinte dólares, y me duró nada más que quince minutos. ¡Quince minutos!
La jovencita paraguaya no atina a responder, y se nota por su expresión confundida que está tratando de entender qué diablos tiene que ver ella con las intrincados detalles tarifarios de las comunicaciones telefónicas intracontinentales. La viejita, exasperada, intenta aclarar un poco más su problema con algún detalle geográfico:
—Y conste que era Asunción en Paraguay, no en Uruguay, ¿eh?
El silencio confundido de la chica, que trata en vano de darle algún sentido a toda la inexplicable escena, se hace eterno.
Aprovechando la pausa, pago rápido lo mío y salgo, temiendo que en algún momento a alguien se le ocurra incorporarme a la conversación. Cuando al guionista de mi vida le agarra ese ataque de teatro absurdo me suelen ganar los nervios y opto siempre por hacer mutis por el foro.

Sin posibilidad de seguir el progreso del huracán en televisión por el corte de energía, tenemos que recurrir a la radio. El problema es que casi todas las estaciones transmiten en duplex con algún canal de televisión y los cronistas se refieren constantemente a las imágenes en pantalla, lo que obliga a mi imaginación visual a trabajar más que de costumbre.
En mi somnolienta cabeza de siesta vespertina, el huracán muta de espiral a flor y el mapa de Florida se asemeja mucho a Italia. La voz de la cronista es idéntica a la de María Martha Serra Lima, si María Martha hablara perfecto inglés, así que de ahí en adelante espero que en cualquier momento rompa en canto, matizando tanta lluvia y destrucción con “Reloj, no marques las horas”.
Antes de dormirme profundamente, sonrío convencido de que mi versión de la realidad es mucho mejor que la que nos quieren vender.

De vuelta en casa, repaso el paisaje desde el balcón. Por primera vez en varios días, y por dos brevísimos segundos, el sol se escurre entre las nubes y hace brillar el asfalto mojado. Después empieza a llover de nuevo, pero un poco más suave.
(Fotografías originales del Miami Herald)
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Un poco de amor, Frances
2 de Septiembre de 2004
Estamos organizando una multitudinaria concentración en la playa durante la tarde de hoy, alrededor de las cinco, cinco y media de la tarde, para todos juntos soplar al unísono hacia el Este-Sureste y mandar al Huracán Frances para el lado del Sahara, que parece que allá andan necesitando algo de humedad.
Para mayores datos, dirigirse a Avenida Costanera y Colectora, departamento 17, por el pasillo al fondo. Golpear las manos y preguntar por Panza, Chueco o El Pulga.
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