may 042005
 

Vistos desde arriba, los muros exteriores del castillo forman un cuadrado casi perfecto. Un jinete a todo galope tardaría más de treinta minutos en recorrer de punta a punta tan sólo uno de sus lados, por lo que dar una simple mano de pintura estas paredes resulta una tarea ciclópea. En aras de una mayor efectividad, los pintores se dividen en dos grupos que comienzan a trabajar en esquinas opuestas del perímetro y avanzan en el sentido de las agujas del reloj.

Quinientos días con sus noches tarda cada cuadrilla en dar media vuelta a la fortificación y completar su parte del trabajo. Allí, el grupo que comenzó en la esquina suroeste descubre que sus contrapartes noresteños utilizaron un tono carmín furioso, mientras que ellos jamás se apartaron del azul violáceo. Al otro lado de la gigantesca construcción se da una situación similar, pero lógicamente inversa.

No importa demasiado. El castillo jamás estuvo habitado y continuará desierto por siempre. Nunca nadie logra atravesar el ancho foso que lo rodea, desbordante de agua hirviente, dragones lacustres y sanguijuelas del tamaño de un pequeño cerdo. Uno a uno, los pintores de ambos equipos se encogen resignadamente de hombros y reanudan sus tareas, siempre avanzando hacia la izquierda, cubriendo la pintura roja con generosas dosis de azul o viceversa, según corresponda.

  6 Comentarios a “El castillo”

  1. No puede ser, no existen pinceles más largos que el ancho de un ancho foso. No, no, no me creo esta historia. Cuéntasela a otro.

  2. itn: Bueno, nadie dijo que los pintores no estuvieran allí aún antes de que existiera el foso. O el castillo. O quizás son los hijos bastardos de los dragones y las sanguijuelas, que nadaron hacia la orilla equivocada y tuvieron que resignarse a su futuro de brocha gorda. O quizás se generaron espontáneamente, no sé. Yo sólo cuento la historia, no me pidan más detalles.

  3. si, y de ahi nacio la idea de impresionismo, por lo im presionante del laburo, no?, ae, le repito, puedo ser usted por un dia? hasta tengo una humilde olympia traveler de luxe, como corresponde a un tipo que quiere tanto al (corta) Zar, que se compra la misma maquinola de letras que el dicho señor

  4. Nerón: Uy, ¡qué linda la Olympia Traveler! ¿No me la presta un rato? Tiene puerto USB para conectarla a la PC, ¿no?

  5. Vaya, Kafka ha recuperado el sentido del humor…

  6. Leonardo: Kafka nunca fue amargo, sólo incomprendido. Incomprendido por lo amargo, claro.

Lo siento, ahora mismo el comentario esta cerrado.