Posts de Noviembre de 2005
Listas
25 de Noviembre de 2005
Luisa es experta en listas. Ella lo sabe y secretamente se enorgullece, aunque jamás lo mencionaría en una charla con un hombre al que recién conoce en una fiesta. De todas maneras, Luisa no va a fiestas ni habla con hombres desconocidos. Jamás escribió las palabras “comprar un vestido para esta noche” en una de sus listas, y probablemente nunca lo haga.
Para confeccionarlas, compra siempre libretas espiraladas de páginas gruesas con renglones azules casi imperceptibles. Al principio no se preocupaba demasiado por la estética, usando papelitos sueltos y cualquier birome que encontrara por ahí, pero con el tiempo se transformó en una verdadera artesana. Se sienta cada mañana, blandiendo un rotulador de tinta perfectamente negra en una mano y una taza de té en la otra, y enumera las actividades planeadas para la fecha en esa letra cursiva algo inclinada que siempre causó admiración entre sus tías viejas. Si se llega a equivocar, no borra ni corrige ni tacha: arranca la hoja sin inmutarse y empieza de nuevo. Sus listas merecen ser perfectas.
Durante el resto del día, la libreta pasa a reposar sobre la mesita del teléfono, junto a un lápiz rojo de trazo grueso. Apenas concluye alguna de las tareas listadas, Luisa va (a veces trotando por la impaciencia, siempre sonriendo satisfecha) y cruza el ítem correspondiente con una línea sin temblores.
Paulatinamente, Luisa se fue dando cuenta de que disfruta más tachar un renglón de la lista que el acto de realizar la actividad en sí, y por eso sus listas van poniéndose más exhaustivamente detalladas. Por ejemplo, ya no se ocupa más de “lavar la ropa”; ahora se trata de “separar por colores”, “cargar la máquina”, “agregar suavizante”, y así. Cuanto más larga es la lista, esa pequeña sensación triunfal de trazar una nueva línea roja se repite con mayor frecuencia.
Algunas noches, Luisa sueña que sobre la mesita del teléfono se encuentra con una lista mágica e interminable, en la que cada ítem reza simplemente “tachar este renglón”. Cuando eso pasa, Luisa suspira dormida y mueve las manos como si tuviera en sus manos el lápiz más rojo que jamás haya existido. A veces, incluso, se ríe a carcajadas, sin abrir los ojos ni dejar de soñar, rebosante de una alegría que nunca vive mientras está despierta.
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Margaritas
21 de Noviembre de 2005

Los responsables de marketing del almacén “La Nueva Florida”, sito en la localidad de Burzaco (provincia de Buenos Aires), acaban de rechazar esta fotografía que les propuse para ilustrar su almanaque del año 2006, a ser repartido como presente navideño entre su clientela más fiel. La excusa que esgrimieron es que aparece una mosca posada sobre un pétalo de la margarita central, tal como se puede apreciar con más claridad en este detalle:

En vano traté de explicarles que, en realidad, la estrella de la imagen es la mosca, y que las flores sirven simplemente como un contraste ambiental que provoca que la fealdad revulsiva inherente al insecto sea aún más evidente para el ojo humano, representando la lucha entre la belleza y lo inmundo que se libra de modo constante en el mundo contemporáneo. No hubo caso. Al final terminaron eligiendo una fotografía de dos gatitos jugando en una canasta repleta de coloridos ovillos de lana, muy simpática pero desprovista de cualquier tipo de contenido filosófico.
Moraleja: el arte conceptual y los pequeños negocios barriales no suelen ser muy compatibles.
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El año que viene
16 de Noviembre de 2005
El año que viene saldremos a excavar pequeños agujeros en el jardín con nuestras uñas desnudas, y los llenaremos de soldaditos de juguete, migas de mazapán, mariposas muertas y las pestañas que se nos pegan en los dedos cada mañana. Durante las tardecitas de lluvia nos sentaremos junto a la ventana, empañándola con aliento a leche chocolatada, y haremos fuerza para que algo, no importa demasiado qué, empiece a crecer en nuestra huerta.
El año que viene llevaremos un minucioso catálogo de todas nuestras carcajadas en un cuaderno prolijamente forrado con papel araña amarillo, escribiendo cada nueva entrada con el ceño fruncido, la lengua afuera y la misma caligrafía temblorosa que teníamos a los seis años.
El año que viene armaremos una compleja máquina, llena de poleas y palancas y engranajes, que sirva tanto para pasar el plumero por la parte superior de los ventiladores de techo como para fotografiar secretamente a los duendes que (sospechamos) vienen todas las madrugadas a jugar a la rayuela en el piso de la cocina. La pintaremos de verde manzana, porque ése es el color indicado para cualquier máquina llena de poleas y palancas y engranajes que se precie como tal.
El año que viene caeremos en la cuenta, durante la segunda mitad de un viaje en tren, de lo ridículos que resultan todos estos planes que hoy trazamos. Pero dos minutos después nos olvidaremos de aquello que nos dimos cuenta, de la primera mitad del viaje en tren y (también) de todos estos planes que hoy trazamos.
El año que viene tendremos demasiadas cosas para hacer, así que en este sencillo acto decretamos que el año que viene empezó anteayer y se terminará cuando se nos dé la regalada gana.
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Bombay TV
10 de Noviembre de 2005
Uno de mis sueños de juventud (hasta hoy incumplido) es el de participar de alguna manera en la realización de una película, particularmente en calidad de guionista. Tengo la suerte de conocer a varias personas que se dedican a este tipo de actividad, y lo cierto es que los admiro y envidio abiertamente.
Afortunadamente, hoy conocí un sitio que me permite, aunque sea por un rato, jugar a ser un realizador cinematográfico con todas las letras. En Bombay TV nos dan la posibilidad, mediante un proceso muy simple, de subtitular pequeños fragmentos de películas provenientes de India (que ya de por sí son absolutamente fabulosos).
Aquí les presento un humilde trío de mis más recientes experimentos, enmarcados todos en uno de los géneros que más me agrada dentro del séptimo arte: la comedia romántica. Que los disfruten.
La solución de Azucena
Violencia animal injustificada
Toto sale de levante
Para ver más y mejores ejemplos de este tipo de creación, pueden pasar por este post en Sin Trigo (en donde pueden disfrutar de los aportes de Xcos y Pastor) o por este otro en Mató Tu Onda (con los delirios del dueño de casa y Reflai como invitada especial).
Si algún ilustre visitante se ve asaltado por la inspiración, me encantaría ver los resultados. No tienen más que avisar en los comentarios.
Ah, y de paso, vuelvo a agradecerles a Tintachina y El hombre que comía diccionarios por el reproductor de videoclips.
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Contactos del más allá
8 de Noviembre de 2005
Sí, claro que puedo hablar con los fantasmas.
Pero ocurre que los espectros que se ponen en contacto conmigo jamás lo hacen para que pueda revelarle a las autoridades policiales la ubicación exacta de sus cadáveres ocultos, ni me transmiten mensajes de romance eterno para los amores que los sobrevivieron, ni solicitan mi ayuda para poder resolver el problema terrenal que les está impidiendo encaminarse de una vez por todas hacia la luz.
Mis aparecidos son poco más que espíritus aburridos con ganas de charlar. Me cuentan con lujo de detalles acerca de aquellas vacaciones de verano en Mar de las Pampas, veinte años atrás. Tartamudean anécdotas interminables acerca de reñidos partidos de damas chinas o proezas dudosas en una cancha de bochas. Me tienen despierto toda la noche para que les cuente las últimas novedades de sus telenovelas favoritas.
Parece que en vez de un medium a mí me tocó ser un extra small.
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Destino
3 de Noviembre de 2005
Si acaso resulta cierto aquello de que el destino de todos nosotros ya está escrito, uno tiende a pensar que el estilo de redacción de estas páginas premonitorias probablemente resulte impersonal y neutro, horriblemente similar a un reporte policial. Algo tan insulso, supongamos, como esto:
Existencia de Don Adalberto Quiñones - Tomo XXXIV - Folio 357 - 14 de Octubre de 2007:
[...] El sujeto en cuestión parte de su casa a las 7.25 con destino a su trabajo, tal lo acostumbrado en las mañanas de los días laborables. Sin embargo, en esta ocasión olvida llevar consigo su paraguas negro, que queda apoyado junto al marco de madera de la puerta de entrada. La mañana se presenta despejada y agradable (con una temperatura ambiental cercana a los 22 grados centígrados), por lo que el citado sujeto no se percata de su involuntaria omisión a lo largo del trayecto que lo acerca a sus actividades laborales, ni tampoco destina consideración alguna al tema durante el resto de la jornada.
[...] A las 18.27, momento exacto en el que el sujeto comienza a transitar las seis cuadras que lo separan de la estación de trenes subterrános a la que debe acudir como parte del periplo de regreso a su hogar, se desata una importante tormenta que pasará a acumular, a lo largo de poco más de media hora, casi 7 milímetros de agua precipitada. El citado sujeto, cuyas ropas pasan a empaparse del líquido elemento de manera inexorable, musita para sí mismo mientras trota hacia su destino “¡Justo hoy me vengo a olvidar el paraguas! No hay caso, es el desti…”. La reflexión del citado sujeto queda súbitamente trunca debido un repentino e infortunado resbalón, que provoca que golpee la parte posterior de su cabeza contra la base de un poste de luz allí emplazado y sufra un ligero hundimiento del hueso occipital acompañado de pérdida de conocimiento. [...]
Un espanto, vea.
Si pudiera elegir, me encantaría que el encargado de mi destino personal fuera un escriba celestial pero porteño, típicamente cínico y medio canyengue a la hora de andar dictando futuros. Algo así, por ejemplo, no estaría nada mal:
Existencia de Don Amor Entintado - Tomo XXIX - Folio 294 - 3 de Noviembre de 2005:
[...] El chabón, sin darle demasiada pelota a la montaña de laburo que se le acumula por los cuatro costados, se sienta frente a la maquinola y se pone a teclear, dale que dale, como si sirviera para algo. Se hace el misterioso con eso de hacerse llamar “Amor Entintado” (lejos, pero lejos, el seudónimo más nabo del universo) y escribe de nuevo algo en ese esperpento cibernético que insiste en llamar “weblog”, como si usar una palabrita de moda en inglés pudiera disimular el hecho de que no es más que una versión (no demasiado mejorada) del típico diario íntimo de una nena de doce años.
Y encima hoy, de puro banana nomás, no tiene mejor idea que redactar una sarta de huevadas acerca de los destinos que ya están escritos y no se qué otra estupidez más, de paso burlándose (veladamente, pero yo no soy ningún gil, eh) de mi “poco refinado” estilo. Ay ay ay, el salamín este ni se imagina la sarta de pequeñas torturas que le tengo reservadas de ahora en más, así deja de creerse tan piola.
Para ir arrancando, ya mismo el inodoro de la oficina pasa a tapársele irremediablemente, sin sopapa a la vista. Ah, y que ni se le ocurra pensar en prender el aire acondicionado, porque no va a funcionar ni a palos. ¿Y a que no se imaginan quién se va a manchar la camisa con mostaza a la hora del almuerzo? [...]
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