Posts de Diciembre de 2005

Felisa, ¡me vuelo!

30 de Diciembre de 2005

Asomando una mano temblorosa desde la parva de trabajo y ocupaciones varias que me sepulta (el 31 de Diciembre parece ser una especie de barrera psicológica para todos los proyectos, que se desesperan por terminar antes de que haya que cambiar de almanaque), me tomo un minuto en estas épocas tan propensas a balances varios para agradecer (y muy en serio) a todos quienes pasan cada tanto por este rincón y dedican algunos instantes a repasar las insistentes gansadas de su seguro servidor.

A riesgo de ahogarlos en almíbar irremediablemente cursi, sepan que cada una de sus visitas se aprecia mucho, y este brindis imaginario con sidra tibia y barata pero bien dulce va por todos ustedes.

Nos seguimos leyendo, entonces, con calendario flamante. No se van a librar tan fácilmente de mí.

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Igualito

22 de Diciembre de 2005

La gente dice que tengo los ojos de mi papá, los gestos de mi mamá, el pelo de mi abuela materna y las cejas de mi abuelo paterno.

La gente también dice que tengo la sonrisa de un campesino arrocero en las afueras de Tokio a principios del siglo XIV, el andar de un cardumen de salmones noruegos, la resistencia al frío de una vasija de adobe, el sentido de la orientación de un amortiguador coaxial a resorte y la habilidad deportiva de un suspiro de esa novia abandonada que se asoma todas las mañanas por el balcón del cuarto piso.

Claramente, la gente no tiene la más pálida idea sobre genética.

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El regalo ideal

15 de Diciembre de 2005

La tendencia generalizada en el mundo occidental es aquella que sostiene que realizar regalos es un gesto de aprecio y buena voluntad. Uno le regala cosas a aquellos que quiere bien (o, por lo menos, a aquellos con quienes uno desea congraciarse). Existe un aura positiva alrededor de cualquier cosa envuelta en papel brillante y decorada con un moño.

He decidido que esto no tiene por qué ser así. Me embarco entonces en la cruzada del mal regalo.

El mal regalo es ideal para darle a la gente que uno odia y cuya vida uno desea hacer, aunque sea, un poquito peor. Y como este blog se precia de ser una inagotable fuente de recursos, les ofrezco en estas fiestas un perfecto ejemplo para repartir entre sus enemigos mortales. Señoras y señores, con ustedes:

Click para descargar 'El sedimento es pulpa que precipita'

Quedan ustedes invitados a hacer click en la imagen y descargar un documento (en formato Adobe Acrobat, cuyo lector pueden ustedes agenciarse aquí) que recopila los relatos, pensamientos y versos más execrables aquí publicados a lo largo del año 2004. No verán allí nada que no pueda encontrarse en el archivo (exceptuando un brevísimo prólogo escrito para la ocasión), pero el hecho de enfrentarse a tanto horror en un solo paquete puede resultar demasiado para la psiquis de cualquier ser humano.

Así que adelante, impriman diez mil copias en la impresora de su trabajo, malgastando preciosos insumos que luego su odioso jefe se verá en figurillas para justificar. Repartan copias a diestra y siniestra, sin remordimiento: al sádico dentista de manos peludas que los tortura con clínico placer, a esa vecina chismorrera y ponzoñosa, al árbitro que no les cobró el penal en la final del torneo de barrio, al dueño del perro que hace de sus veredas un improvisado baño público, al verdulero que disimuladamente les vendió duraznos machucados, al colectivero que les cerró la puerta en la cara luego de correr media cuadra bajo la lluvia. Estoy seguro de que no faltarán posibles candidatos para esta terrible venganza.

Y, si se animan, léanlo también ustedes, pero no me hago cargo del daño irreversible que semejante acto de arrojo pueda llegar a causar. Después no digan que no les avisé.

Actualización: Para quienes busquen una alternativa más ligera y rápida al tosco bodoque del Acrobat Reader, don Fafo (uno de los popes del glorioso Esperma Digital) recomienda con entusiasmo a Foxit, un programa más pequeño y eficiente que cumple con el mismo cometido.

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Season’s greetings

9 de Diciembre de 2005

Mateo acomoda una bola navideña
Mateo y un servidor, reflejados
Mateo coloca la estrella final
Mateo frente a su trabajo terminado

Este año, a la hora de armar el árbol navideño, por fin pudimos agenciarnos la ayuda de un verdadero duende profesional.

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Humor salvaje

6 de Diciembre de 2005

El jaguar barritaba. La serpiente mugía. Los monos piaban. El hipopótamo ronroneaba. Las cigüeñas balaban. Y la broma hubiera sido perfecta de no ser por esa nutria que se tomó su leonino rol demasiado a pecho y, además de rugir como una enajenada, se devoró entero a un desprevenido visitante del zoológico.

Ni la bolsita de pochoclo se salvó.

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Canción del momento XIII

1 de Diciembre de 2005

Cuando uno se cruza con una canción interpretada por un artista o grupo que jamás escuchó antes, suele haber un pequeño detalle crucial que hace que la balanza del gusto personal se incline hacia el lado positivo (o no). Para algunos se tratará de un riff de guitarra, para otros será algún ritmo en particular, para otros la instrumentación o la voz. En mi caso personal, casi siempre el interés se me despierta por el lado de las letras. Una frase retorcida, una rima sorpresiva, y ya me tienen en el bolsillo.

Justamente eso fue lo que me ocurrió hace un tiempo con The mountain goats, el alter ego grupal de un tal John Darnielle. No busquen encontrar en este falso grupo (que ya lleva más de quince años de notablemente prolífica carrera) ningún tipo de virtuosismo musical ni mucho menos. De hecho, prácticamente todas sus canciones son fácilmente interpretables por cualquiera que conozca los acordes más básicos en una guitarra. Ojo, que no hay mal gusto y las breves intervenciones de otros instrumentos (un violín por acá, un piano por allá) subrayan de manera notable las melodías ultra-simples de este muchacho, pero lo cierto es que la música resulta poco más que un soporte agradable para las letras.

Ah, pero qué letras, señoras y señores. Son como pastillas de cianuro con forma de caramelo verde que uno traga con una sonrisa de oreja a oreja. Emocionan a punto de lágrima sin jamás caer en lo trillado. Se regodean en un absurdo que, en esos pequeños universos de tres minutos, resulta perfectamente lógico. Se disfrutan sin culpa, de a manojos, a lo bestia.

Sean tan amables de permitirme traerles tres muestras de esto que trato de expresarles (seleccionadas a duras penas entre cientos de joyas de un catálogo notablemente parejo).

En Song for Dennis Brown (del disco The sunset tree), Darnielle traza un extraño paralelo entre el fallecimiento por pneumotórax agravado de una estrella musical jamaiquina (nótese el guiño musical a la Redemption song de Marley) y su propia muerte futura, intercalando postales inconexas que parecen sacadas de la página de policiales de un diario y no hacen otra cosa que dejar bien claro que, a la larga, el mundo sigue su marcha. Acá va un intento de traducción de la primera estrofa:

El día en que el pulmón de Dennis Brown colapsó,
suave lluvia de primavera caía sobre Kingston.
Y allá por el puerto, policías locales
interceptaban un cargamento entrante.
Y por un rato hubo caos
mientras esposaban y golpeaban a unos marineros.
El día en que mi pulmón colapse,
no va a ser muy diferente.

Flash - Canción del momento XIII

Una reinterpretación contemporánea y particularmente vengativa (contra todos y contra nadie) del mito de Rómulo y Remo, sin desdeñar la esperanza, es el tema subyacente en Up the wolves, del mismo disco que la canción anterior. Uno puede imaginar a Darnielle cantando estos versos finales con los dientes apretados, las venas del cuello hinchadas y los ojos fijos en la pared:

Voy a ponerme en forma para pelear,
investigar cada ángulo de ventaja injusta.
Voy a sobornar a los oficiales, voy a matar a los jueces.
A ustedes les tomará años recuperarse de todo el daño.
Nuestra madre ha estado ausente desde que fundamos Roma,
pero va a haber una fiesta cuando el lobo vuelva a casa.

Flash - Canción del momento XIII

Si me permiten el exceso, quiero terminar con la transcripción completa de una canción que descubrí (¡cuándo no!) en casa de Monsieur Joey Comeau, y que determinó que The Mountain Goats pasaran a ocupar uno de los rincones más iluminados en mi desprolijo estante de favoritos. Se trata de un elogio desvergonzadamente entusiasta del desastre en todas sus formas y la belleza (no tan) oculta en lo peor de nosotros y de los otros. Con ustedes, desde el disco Tallahassee, No children:

Ojalá que los pocos amigos que nos quedan
se den por vencidos al tratar de salvarnos.
Ojalá que podamos urdir un plan infalible
para enojar a los pocos tontos que nos perdonaron.
Ojalá que los alambrados que arreglamos
se derrumben bajo su propio peso.
Y ojalá que nos pasemos de la última salida,
ojalá que ya sea demasiado tarde.
Y ojalá que el basural a unas cuadras de acá
algún día se incendie,
y ojalá que el humo negro me lleve lejos
y jamás vuelva a este pueblo en mi vida.
Ojalá que mienta
y le diga a todos que fuiste una buena esposa.
Y ojalá que mueras.
Ojalá que los dos muramos.

Ojalá que me corte al afeitarme mañana.
Ojalá que sangre todo el día.
Nuestros amigos dicen que está más oscuro
justo antes de que salga el sol;
estamos bastante seguros de que se equivocan.
Ojalá que esté oscuro por siempre.
Ojalá que lo peor todavía no haya pasado.
Y ojalá que parpadees antes que yo.
Ojalá que nunca me ponga sobrio.
Y ojalá que cuando pienses en mí, en unos años,
no puedas encontrar ni una cosa buena para decir.
Y ojalá que si algún día encuentro las fuerzas para irme
vos te mantengas bien lejos de mí.
Me estoy ahogando y no hay señales de tierra firme.
Vos te hundís conmigo,
mano en mano sin amor.
Y ojalá que mueras.
Ojalá que los dos muramos.

Flash - Canción del momento XIII

¿Acaso queda algo por decir? No creo.

Mejores dos segundos®: De Song for Dennis Brown, el riff ya mencionado, claro. Por el lado de Up the wolves, la forma en que advierte “I’m gonna kill all the judges!” es tremenda. Y, como a No children no la puedo elegir entera porque dura bastante más de dos segundos, me quedo con ese instante en que una segunda voz entra para la frase “in my life” en el primer estribillo. Sencillamente fantástico.

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