Posts de Marzo de 2006
Canción del momento XIV
31 de Marzo de 2006
A lo largo de los últimos meses, los rumores acerca de la suerte corrida por el célebre dúo sureño conocido como Capo II arreciaron el mundillo musical, alimentados por un ominoso silencio oficial de parte de los propios artistas. Se decía en los pasillos que Diego Martín Octavio De Los Santos Ulloa Bordenabe III (aristocrático vocalista encargado también de guitarras rítmicas, teclados, percusiones, armónicas y etcéteras) había decidido retornar a su castillo natal en la zona boscosa de la Baviera Hispánica y que estaba definitivamente abocado a la cría de langostas de riña. Algunos afirmaban en voz baja que la otra mitad del combo, Tomatito Henry Entintado Junior (hermano de sangre de quien suscribe, amén de guitarrista, bajista, baterista y vaya uno a saber qué otra ocupación misteriosa), estaba siendo buscado incansablemente por Interpol debido a su participación en el tráfico ilegal de pastillas de mentol extra-fuerte al Uruguay.
Sin embargo, una destemplada tarde de Marzo, sin ningún tipo de aviso previo ni fanfarria mediática, los muchachos de Capo II retornaron a la escena musical, para beneplácito de sus numerosos seguidores y aún más numerosos acreedores. Y lo hicieron trayendo bajo el brazo tres nuevas grabaciones, que (como es costumbre en ellos) abrevan en la rica tradición folk/rock de varias décadas atrás, imprimiéndoles sin embargo un toque personal absolutamente inconfundible.
En primer lugar tenemos la celebérrima atmósfera hippie de Teach your children, interpretada originalmente por el cuarteto de Crosby, Stills, Nash & Young en el mítico disco Déjà Vu (1970) y compuesta por uno de sus miembros, Graham Nash.
No menos famosa es la segunda canción que hoy nos presentan: Guitar man, quizás el mayor éxito de la carrera de Bread y lanzada en el año 1972 como parte del disco del mismo nombre.
El último de los tres temas que hoy ofrecemos (y el favorito personal de un servidor) es Lucky man, parte del disco debut homónimo (1970) de Emerson, Lake & Palmer.
A pesar de que se especulaba con que los integrantes de Capo II brindaran una multitudinaria conferencia de prensa con motivo de su reaparición, esto jamás ocurrió. Únicamente se ocuparon de hacer llegar a los medios especializados una escueta gacetilla que contiene una somera descripción de sus flamantes grabaciones y su habitual indicación de que “como siempre, estamos absolutamente disponibles para presentarnos en inauguraciones de estaciones de servicio, despedidas de solteros y bar mitzvahs”.
Como se aprecia en la elección de sus canciones (claramente orientadas a sonar en todas las radios especializadas en hits del momento) y en las sutiles sugerencias que cuelan en su material de prensa, estos astutos artistas no perdieron durante su misterioso exilio el olfato comercial que siempre los caracterizó. ¡Brindemos por ello!
(Quienes quieran endulzar sus oídos con otras interpretaciones de estos talentosos sujetos, pueden pasar por este antiguo post).
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¡Ríete, libro!
31 de Marzo de 2006
A riesgo de parecer el agente literario online de La Mágica Web (trabajo que, por cierto, pagaríamos buen dinero por desempeñar), me complazco en hacerles saber que el prolífico Eduardo Abel Gimenez ha lanzado un nuevo compilado de textos en formato .PDF, provenientes casi en su totalidad de su weblog y haciendo gala de una veta humorística muy personal y altamente recomendable.
Es hora de combatir el blues otoñal con el arma perfecta. Es hora de El libro que ríe.
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Payada innumerable
28 de Marzo de 2006
Cuando eran ocho, del grupo
un par de miembros sobraban.
Si un día veinte juntaban,
se quedaban algo cortos.
Terminaron bien absortos,
dementes, chorreando baba,
al ver que dos eran muchos
y que diez mil no alcanzaban.
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A quien corresponda
21 de Marzo de 2006
Estoy absolutamente convencido de que los humanos tenemos la obligación de exigir a nuestros gobernantes y/o seres superiores que ciertas necesidades básicas sean satisfechas inmediatamente y sin falta.
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Roles múltiples
16 de Marzo de 2006
A pesar de su fama legendaria, el Circo de los Hermanos Farfalla no es un éxito comercial ni mucho menos. La única manera de cubrir los costos es que los artistas cumplan también con alguna otra función mucho más administrativa y ordinaria: hay payasos camioneros, trapecistas encargados de limpiar las jaulas y un mago que todas las noches cocina la cena en una olla enorme, como si estuviera preparando una poción secreta.
Relámpago el Increíble Caballo Matemático, naturalmente, es quien lleva adelante la contabilidad de la empresa. El hecho de que no sepa contar más allá del número diez (marcando clop, clop, clop con el casco delantero derecho) no resulta un problema: la cantidad de público en una función jamás superó esa cifra.
(Anteriormente, en esta misma saga: Juntos y bien revueltos - Escape)
Archivado en: En el circo, Relatos Sin Razón | Comentarios: 5 comentarios
Con los ojos abiertos
14 de Marzo de 2006
Interrumpimos la magra programación habitual de estas páginas (o pantallas, mejor dicho) para informarles a los desprevenidos que don Eduardo Abel Gimenez, pope de La Mágica Web, acaba de poner a disposición del público una recopilación de textos de los inicios de su weblog (que más que weblog es un faro) en formato .PDF, llamada Todavía recuerdo la noche en que dormí bien.
Generalmente, cuando se conoce de antemano la calidad de algo (como en este caso), uno suele decir que lo recomienda con los ojos cerrados. Luego de haber pasado un largo rato perdido con todo placer entre esas páginas, puedo asegurar que se los recomiendo con los ojos bien, bien abiertos.
Archivado en: Metabloguística, Tinta Personal | Comentarios: 8 comentarios
Proa hacia allá
9 de Marzo de 2006
Una mañana despejada de Junio de 1487, una enclenque carabela bautizada como “La Mozalbeta” zarpaba desde el Puerto de Castro Urdiales, a orillas del Mar Cantábrico, con sesenta y ocho almas a bordo. A su mando se encontraba un joven marino de nombre Fernando Luis Lozano, nacido en algún poblado del Reino de Murcia apenas tres décadas antes.
El objetivo de la expedición de Lozano, como tantos otros aventureros de la época, era el de encontrar una nueva ruta comercial a las Indias para la Corona española. Precediendo en varios años a Cristóbal Colón, quiso también Lozano aprovechar el concepto relativamente reciente de una Tierra esférica. Pero a diferencia del celebérrimo navegante genovés, no fue su idea la de enfilar hacia el Poniente, sino que zarpó con decidido rumbo Norte.
Escribía por aquel entonces Lozano en su diario personal: “Si acaso no es falaz esta redondez del Mundo que Dios parece haber decidido, y si acaso los lujos de Catay, Cipango y Cachemira nos esperan justo en el punto opuesto a la recámara en la cual estas palabras escribo, pues poco importa el cardinal que la brújula indique al momento de hacernos a la mar. ¡Sur, Oeste, Norte, da lo mismo! Todos los trazados circunvalantes se encontrarán en las antípodas, pues es tal la belleza de las esferas. Opto yo por el Norte, entonces, porque el caprichoso lucero así lo indica. Un rumbo firme y la protección de Nuestro Señor no pueden significar otra cosa que un arribo eventual a aquellas tierras rebosantes de seda, oro y azafrán.”
Pero lo que Lozano tenía de farragoso y florido a la hora de redactar bitácoras se contraponía con una absoluta falta de las nociones más básicas de climatología, cartografía y navegación marina. Como era de esperarse, su embarcación terminó por zozobrar en las costas de lo que hoy es Noruega, debido a la fatal combinación de una tormenta de nieve y el motín de lo poco que quedaba de su tripulación. Aún más notable es el hecho de que “La Mozalbeta” tardó casi siete meses en completar tan corto trayecto, lo que demuestra a las claras la terrible impericia de Lozano detrás del timón.
Signada por la incompetencia, la obstinación y, por qué no, la estupidez, la de Lozano es una historia tan irrelevante que no merece siquiera ser contada. Pero de injusticias está llena el mundo, y la existencia de la serie de relatos que hoy iniciamos es tan sólo una de ellas.
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Descartando el oropel
3 de Marzo de 2006
Agobiado por la morisqueta ensayada, el bombardeo mediático, la estructura monstruosa, la proclama bienintencionada y la sonrisa para la foto, uno llega a olvidarse de que una canción como Until the end of the world pueda ser tan retorcidamente enferma, tan cínica, tan oscura y tan, pero tan buena.
Pero después uno va y, por suerte, se acuerda.
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