• Buscador

  • Archivo

  • Lema

    Esto, también, pasará.

Proa hacia allá

Una mañana despejada de Junio de 1487, una enclenque carabela bautizada como “La Mozalbeta” zarpaba desde el Puerto de Castro Urdiales, a orillas del Mar Cantábrico, con sesenta y ocho almas a bordo. A su mando se encontraba un joven marino de nombre Fernando Luis Lozano, nacido en algún poblado del Reino de Murcia apenas tres décadas antes.

El objetivo de la expedición de Lozano, como tantos otros aventureros de la época, era el de encontrar una nueva ruta comercial a las Indias para la Corona española. Precediendo en varios años a Cristóbal Colón, quiso también Lozano aprovechar el concepto relativamente reciente de una Tierra esférica. Pero a diferencia del celebérrimo navegante genovés, no fue su idea la de enfilar hacia el Poniente, sino que zarpó con decidido rumbo Norte.

Escribía por aquel entonces Lozano en su diario personal: “Si acaso no es falaz esta redondez del Mundo que Dios parece haber decidido, y si acaso los lujos de Catay, Cipango y Cachemira nos esperan justo en el punto opuesto a la recámara en la cual estas palabras escribo, pues poco importa el cardinal que la brújula indique al momento de hacernos a la mar. ¡Sur, Oeste, Norte, da lo mismo! Todos los trazados circunvalantes se encontrarán en las antípodas, pues es tal la belleza de las esferas. Opto yo por el Norte, entonces, porque el caprichoso lucero así lo indica. Un rumbo firme y la protección de Nuestro Señor no pueden significar otra cosa que un arribo eventual a aquellas tierras rebosantes de seda, oro y azafrán.”

Pero lo que Lozano tenía de farragoso y florido a la hora de redactar bitácoras se contraponía con una absoluta falta de las nociones más básicas de climatología, cartografía y navegación marina. Como era de esperarse, su embarcación terminó por zozobrar en las costas de lo que hoy es Noruega, debido a la fatal combinación de una tormenta de nieve y el motín de lo poco que quedaba de su tripulación. Aún más notable es el hecho de que “La Mozalbeta” tardó casi siete meses en completar tan corto trayecto, lo que demuestra a las claras la terrible impericia de Lozano detrás del timón.

Signada por la incompetencia, la obstinación y, por qué no, la estupidez, la de Lozano es una historia tan irrelevante que no merece siquiera ser contada. Pero de injusticias está llena el mundo, y la existencia de la serie de relatos que hoy iniciamos es tan sólo una de ellas.

8 comentarios 

  1. amperio dice:

    Toda historia, aún las más prescindibles e irrelevantes, son registradas por la sabia mano del destino en la bitácora sin razón de este, nuestro mundo.
    Y la del capitán Lozano no fue solo una gesta primorosamente alpedística, como sostienen los fríos historiadores, sino que, por el contrario, trazó una huella perenne en el libro de la vida. Fíjese, sino, Entintado amigo, en el final feliz y para muchos desconocido de la empresa de Lozano, que terminó sus días presa del amor boreal, estrepitoso y algo peripatético, de Narvik, la foca groenlandesa.
    Unos pescadores inuik encontraron, muchos siglos después el manuscrito de Lozano que decía: “…Tibia piel, ojos de luna y voz aguardentosa tiene Narvik, mi amada. Lástima los bigotes….”

  2. Daanroo dice:

    Y lejos de ser un simple redactor de una bitácora, hizo lo que muchos de nosotros no hacemos hoy, “Ver de cerca, la conciencia y consecuencia de sus acciones y aún así aceptarse y promoverse humano

  3. Zé Pequenho dice:

    Es una pena que “La Mozalbeta” no contara con tecnología wi-fi, a Lozano le hubiese venido al dedillo tener el Google Earth Pro con GPS.

  4. ReD dice:

    Cuantos matices de los comentaristas y vocabulario del relato… Yo mejor voy a consultar un diccionario y regreso a comentar…

    El palcer de leerle entintado, no se consulta eso se disfruta nomás.

  5. Maun dice:

    Ya fué una desgracia que nos conquiste Colón y sus secuaces, no quiero imaginar lo que hubiera sido la historia con el torpe de Lozano al mando…
    Coincido con ReD, un placer leerlo.
    Saludos!!

  6. Burdon dice:

    Hola!,

    vuelvo de las tinieblas..

    Pues no sabía yo la historia del capitán Lozano, ni que el puerto de Castro Urdiales fuera tan viejo. Resulta que estos últimos tres veranos he pasado allí al menos una semana (me invitaban unas amigas) y la verdad, como su puerto pocos he visto. Es muy pintoresco, con una iglésia gótica casi en mitad del mar, donde resopla el viento sin cesar.

    Un placer volver a leer historias como ésta, señor Entintado.

  7. Amperio: Cubriremos ésa y varias otras particulares anécdotas de la vida y obra de Lozano en estas páginas, mi amigo. No quedará detalle truculento sin mencionar, le aseguro. Ni siquiera aquellos que incluyan bigotes zoofílicos.

    Daanroo: Lozano se aceptaba como humano, pero en las noches de borrachera se figuraba (en este orden) gorila, sapo, gaviota y estreptococo.

    Zé Pequenho: Pero es que “La Mozalbeta” sí contaba con tecnología inalámbrica: el famoso grito pelado.

    ReD: Para entender al autor y los comentaristas de este sitio no es necesario un diccionario sino un manual de desviaciones psiquiátricas, me temo.

    Maun: Nunca lo sabremos. Pero, ¿podría haber sido peor?

    Burdon: Qué gusto tener un testigo de primera mano de los escenarios en que se gestó esta historia. Pero quédese tranquilo, que la triste historia de Lozano es desconocida para casi todos, gracias a los esfuerzos denodados de sus avergonzados descendientes. ¡Y prometa no desaparecer en las tinieblas de vuelta, eh!

  8. Daanroo dice:

    A eso me refería precisamente, a reconocer que se aceptáse humano, a pesar de ser lo que le llamaban a ser en su propio delirio. La noche también tiene conciencia, aunque se viva a medias con las consecuencias de las acciones y de las emociones.

Trackbacks/Pingbacks

    1. Amor Entintado : Madera verde
    2. Amor Entintado : Medicina de alta mar

    Feed RSS para comentarios en esta entrada


Switch to our mobile site