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    Esto, también, pasará.

Guardias

A pesar de que el Hospicio Santa Elvira alberga exclusivamente a pacientes psiquiátricos, cuyos trastornos suelen presentarse de manera gradual y pueden tomar varias semanas para diagnosticarse correctamente, los médicos allí apostados igualmente cumplen con un sistema de guardias nocturnas para la atención de emergencias. Es que nunca falta el psicótico que intenta desollar viva a su ama de llaves en la madrugada de un feriado o aquel esquizofrénico que se pone a discutir a grito pelado con sus otras personalidades a las cuatro de la mañana, despertando a toda la vecindad.

Hoy en día, los turnos para estas guardias son distribuidos de manera equitativa y razonable, asignándose (por lo general) sólo una vez por semana a cada facultativo. Pero a principios del siglo pasado el sistema era mucho más laxo y los doctores que buscaban algún ingreso monetario adicional podían cumplir con varias noches seguidas de guardia, ya que no existían límites al respecto. De hecho, en esa época se generó dentro del hospicio una especie de submundo lúdico en el que se realizaban cuantiosas apuestas buscando ver quién lograba permanecer en el nosocomio durante la mayor cantidad de horas consecutivas. El récord absoluto fue conseguido en el otoño del año 1919 por el Doctor Ludovico Stellafuoco, un psiquiatra veronés que atendió pacientes (entre consultas y guardias) por más de quince días corridos, sin descanso. Lamentablemente, los serios contratiempos provocados por esta notable proeza hicieron que este tipo de maratón laboral en el hospicio fuera expresamente prohibida por las autoridades de ahí en adelante.

Durante la primer semana, el Dr. Stellafuoco cumplió con sus deberes de manera ejemplar, elaborando acertados diagnósticos sin titubear y recetando perfectas dosis de psicotrópicos y antidepresivos. Pero pasados ya los diez días de labor continua, la falta de buen sueño y el lógico cansancio comenzaron a hacer mella en sus habilidades. La primera señal de alarma se encendió cuando su secretaria entró al consultorio y lo encontró tomando la temperatura basal de una pequeña estufa a leña, mientras murmuraba: “Matilde, me temo que sus fiebres delirantes continúan agravándose”. Al día siguiente, un enfermero tuvo que separarlo a la fuerza de un paciente que sufría de persistentes alucinaciones, a quien intentó devorar a mordiscones para demostrarle de manera inequívoca que no era un pollo al spiedo, o por lo menos que (según sus propias palabras) “si lo es, está todavía bastante crudo”.

El hecho que terminó de convencer a los directivos de la institución de la necesidad de enviarlo de una buena vez a su casa a descansar fue cuando, combinando un cable de alta tensión y la laguna decorativa ubicada en el jardín central del edificio, aplicó una exagerada terapia de electroshock grupal a más de setecientas personas en forma simultánea, muchas de las cuales (según se descubrió al catalogar los chamuscados cadáveres) ni siquiera eran pacientes en Santa Elvira.

Pero es sabido que las leyendas son eternas. Y tal es así que, hoy en día, cuando los jóvenes residentes del Hospicio Santa Elvira logran burlar de alguna manera el sistema y agenciarse dos turnos consecutivos de guardia, se refieren al hecho (quizás sin conocer su origen) como a “hacer la gran Stellafuoco”.

(Anteriormente, en esta misma saga: ¡Salud!)

12 comentarios 

  1. neron dice:

    aaaaah, de ahi venia? yo lo escuche un par de veces al tipo que me toma la temperatura decir esa frase…
    con razon….

  2. amperio dice:

    Guardo un afectuoso recuerdo del Dr. Stellafuoco. Fue mi pediatra y nunca nadie volvió a hacerme los electroshocks con tanto cariño y cuidado como el. Vaya un blanco fresco a su memoria.

  3. Zé Pequenho dice:

    Lo leí 3 veces. La tercera no lo entendí.

  4. Nerón: Sí, es un dicho muy popular en el mundillo medicinal. Casi tanto como “me mandé una Cormilloteada” o “uy, me Alexanderflemingueaste la calculadora, querido”.

    Amperio: Calculo, entonces, que se hará una escapadita a su próxima reunión de fans, en Pico Truncado (Santa Cruz), el 6 de Enero a la hora del fernet, ¿no?

    Zé Pequenho: Ah, otro con claras secuelas electroshockísticas. Somos muchos.

  5. Manu dice:

    y vos que sos? Lacaniano, Freudiano o Stellafuoquiano?

  6. ReD dice:

    Dice el dicho: Yo no soy apostol ni soy nada…..

    oups.

    dylaniano :P jajajaja

  7. Maun dice:

    Los de la empresa de energía eléctrica, todavía se preguntan quien se hará cargo de la factura, después de que el gran Stellafuoco le aplicara la terapia en masa a media ciudad….es que, como bien dice el refrán, no hay que bajar la guardia, durante una guardia.
    Saludosss!!

  8. Eduardo1 dice:

    Nerón: deje de creerse estufa que acabara por meterse el leño por….
    Amperio: mejor que vuelva para el hospicio porque confunde nuevamente a Ludovico con Matusalén.
    Zé: habrá que aumentarle la dosis de pamplinas a ver si así deja de entender.
    Amor: ¡Ay Amor! Entintado estoy yo.
    Manu: Soy Virgen ¡Y a mucha honra!
    Red: …¡Que redicho!
    Maun: ¿Y se lo cree? Stellafuoco fué un cometa que se estrelló en Buenos Aires cuando Oliveira trabajaba en el hospicio.
    Gracias por dejarme ser un día el “odio emborronao”. ¡Sabe a dios!

  9. Manu: No, yo de fútbol no sé nada, perdón.

    Red: Yo soy todo, pero poquito.

    Maun: Bueno, el Hospicio Santa Elvira todavía está pagando cargos punitorios por aquel pico de consumo eléctrico, mire usted. Pero no hay problema, porque se lo descuentan de la pensión a los herederos de Stellafuoco.

    Eduardo1: Cuando me tome vacaciones, lo voy a dejar de contestador suplente a usted. No me hago cargo de los traumas emocionales que semejante tarea pueda llegar a causar.

  10. ReD dice:

    valgame Dios! Eduardo1 Virgen…. virgen????

    Qué lleva más honra? Ser virgen, contestador suplente de comments de Entintado o paciente del hospicio de santa elvira?

  11. Eduardo1 dice:

    Perdonen el atrevimiento y los efectos colaterales que haya podido infringir pero sonaba una balada y era Piazzola llamándome loco.
    Red, ¿me puedo quedar con las tres, aunque sea sin honra?

  12. ReD: La honra, si me pregunta usted a mí, es una virtud muy sobrevalorada.

    Eduardo1: Yo creo que ReD le va a permitir quedarse con todo lo que quiera.

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