Posts de Junio de 2006
Oh la la, madame!
8 de Junio de 2006
El primer tramo del viaje planeado por Don Mateo, conseguido a base de vaya uno a saber qué clase de amenazas y chantajes, nos llevó de Buenos Aires a París. Mientras La Entintada y yo intentábamos conciliar el sueño acomodándonos y reacomodándonos en nuestras butacas (confieso que tuve bastante éxito en dicha empresa), el minúsculo malhechor se pasó el viaje garabateando en un anotador diferentes estrategias para birlar la estricta seguridad de los estadios y lograr contaminar los bidones de agua de los equipos contrarios con un laxante suave o, en su defecto, algún agente neurotóxico. Cada tanto, para matizar sus elucubraciones, pellizcaba lascivamente a las pobres aeromozas cuando pasaban a su lado.
Yo no sé cómo fue que no decidieron bajarnos de ese avión en las Islas Azores.
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Existe un prejuicio, sobre todo en los países de habla inglesa, que sostiene que los franceses son seres insufriblemente pedantes. Yo creo que ese ese estereotipo se debe mucho al lenguaje en sí mismo, o más concretamente a la tonada que emplean para hablarlo, la cual trasladada a cualquier otro idioma trae la impresión inmediata de una mezcla horrible entre desdén y exasperación.
Pero, si uno se fija bien, los franceses utilizan esta misma cantinela para hablarse unos a otros cuando charlan de fútbol o piden la cuenta o se dicen cosas tiernas al oído, lo que invalida esa primera sensación negativa que uno puede llegar a tener. Y la verdad es que, en mi modesta opinión, pocas lenguas resultan tan musicales y seductoras como ésa, aún si uno no llega a entender casi nada de lo que se dice.
Aparte, un idioma que en el que una palabra tan simple como “hoy” se dice de un modo tan poéticamente enrevesado como “aujourd’hui” no puede jamás ser tachado de feo.
—— o ——
Quizás Don Mateo comparte conmigo mi embelesamiento con el francés, porque en pleno pasillo del aeropuerto Charles de Gaulle fue a quedar absolutamente prendado de una pizpireta lugareña, como fehacientemente atestigua la siguiente fotografía:
Amor en el Charles de Gaulle, con fondo de chansonette
Pero, como ya todos saben, los amores de aeropuerto son aun más fugaces que las pasiones de verano, y en menos de un minuto ya el objeto de su afecto se marchaba para siempre, de la mano de su madre, por la puerta de embarque número D73.
Y hasta me pareció que al rudo rufián se le escapaba un lagrimón, miren ustedes.
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Susurros en la noche
7 de Junio de 2006
A eso de las cuatro de la mañana me desperté con la boca seca y el recuerdo neblinoso de un sueño en el que, como siempre, alguien me perseguía. Tambaleando rumbo al baño, me extrañó escuchar una especie de murmullo ahogado que provenía de la habitación de Mateo.
Me acerqué a la puerta en puntas de pie, apenas empujándola para poder escuchar mejor y, en una de ésas, llegar a ver algo. Adentro, sentado muy erguido en su cuna, Mateo susurraba algo en francés por un modernísimo teléfono celular que yo jamás había visto antes. No pude entender todo lo que decía, pero juraría que estaba ultimando detalles con el jefe de la barra del Paris Saint Germain para unir fuerzas en una emboscada contra la hinchada del Schalke 04 en las afueras de Düsseldorf. Lo último que escuché antes de volverme en silencio a la cama fue la firme promesa de que llevará en su equipaje el pote de dulce de leche que, imagino, le habrá encargado el galo en una comunicación anterior.
Tardé un rato en dormirme, más admirado por el notable don de lenguas del pequeño rufián que preocupado por sus planes de delincuencia, los cuales a esta altura no son ninguna novedad.
Hoy por la tarde ya nos estaremos embarcando con rumbo a Hamburgo. Que alguien por favor dé aviso a Interpol.
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Empacándonos
5 de Junio de 2006
(Componentes de valija: 85% Madame Entintada - 15% Otros acompañantes)
Cuando en el post anterior hablé de un desparramo de pasaportes, medias y calzoncillos, lo mío no era simplemente una elegante figura poética.
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Una mano de esmalte
2 de Junio de 2006
Los lectores habituales notarán (y si no lo hacen, basta con presionar Ctrl+F5 para refrescar sus navegadores) que Amor Entintado acaba de sobrellevar una sutil pero contundente pintarrajeada, saltando al sucio callejón del color para escapar de la gris y pulcra avenida que venía transitando desde su nacimiento. Seguramente queden por ahí algunas esquinas que necesitarán una segunda manito de barniz, pero esos detalles se irán corrigiendo con el tiempo.
“¡Es sólo burdo maquillaje sobre el mismo diseño de siempre!”, dirán unos. “¡Aún más aburrido y soso que antes!”, gritarán otros. “¡Son los mismos colores que quedaron en nuestra alfombra del baño luego de que el perro vomitara allí los restos de un roedor de origen desconocido!”, sollozará el resto. Y lo más triste es que todos tendrán razón.
¿Cuáles fueron los elementos inspiradores de esta lamentable explosión cromática? El daltonismo y el mal gusto, principalmente. Hay algo también otoñal en la paleta, en armonía con la estación que asoma por la ventana acá en el hemisferio sur.
Calle a unos metros de la morada Entintada
Pero la colorida novedad tiene una razón muchísimo más concreta, más viajera, más deportiva. Se vislumbra en estos predominantes tonos de verde el fresco césped de los campos de juego teutones, ávidos de recibir el talento de los cientos de muchachones que, provenientes de las más variopintas regiones del planeta, se disponen en unos días a morder un bocado de gloria con la pelota en los pies. Y en los manchones de rojo y bermellón es posible adivinar la furia de la sangre que galopa por las venas de atletas y espectadores, el fatal destierro de una tarjeta en manos de un árbitro receloso, los millares de litros de vino tinto necesarios para mitigar la angustia de los fanáticos decepcionados.
Es que Don Mateo, el más temido barrabrava de la comitiva argentina, nos ha concedido el honor de acompañarlo en su periplo por tierras mundialistas y este rincón se transformará (por unos días) en el diario de viaje de los Entintados a través de la milenaria Europa Central.
El peligroso truhán descansa en su lúgubre lecho, acumulando energías para sus futuros desmanes
Y ojo, que no se hablará (casi nada) de fútbol. Ya muchos otros buenos weblogs manejan el tema con gran idoneidad y poco podría yo aportar al respecto. Mas bien se tratará, supongo, de una serie de pequeños retazos, impresiones recogidas en calles que se caminan por primera vez, traducciones erróneas de conversaciones en las salas de espera de los aeropuertos, torpes intentos de transmitir con palabras cosas que no se deberían. Intentaré ser más prolífico, hasta el punto de generar (en la medida de lo posible) más de un post diario. Pero a la vez me llamaré a la brevedad, cediéndole el protagonismo a las imágenes en detrimento de la prosa malamente retorcida que suele abundar por aquí (y puedo adivinar el coro de suspiros aliviados del otro lado de la pantalla).
Será una experiencia completamente novedosa para quien esto escribe y espero sinceramente que resulte disfrutable también para los estimados lectores, ya sean visitantes habituales o flamantes víctimas.
Partimos en nuestra aventura dentro de algunos días, así que sepan disculpar el desparramo de pasaportes, medias y calzoncillos mientras terminamos de armar el equipaje.
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