Canción del momento XVII

27 de Febrero de 2007

A veces se me ocurre preguntarme qué es lo que hace que disfrute de algunas canciones y de otras no. Confío en que los gustos personales no se tratan de una ciencia exacta (odiaría que un frío algoritmo pudiera predecir con exactitud mi reacción emocional ante un estribillo), pero a la vez me divierte intentar entender los motivos de la atracción que puede tener un tema sobre mis oídos.

No se trata de cuestiones de virtuosismo instrumental, eso es seguro. Admiro la destreza como cualquier otro hijo de vecino, pero me parece que los habilidosos tienen una desafortunada tendencia a caer en la exhibición innecesaria pour la gallerie. ¿Cuál es la gracia de pisar la pelota y tirar una rabona si no tenés un marcador encima, mordiéndote los tobillos?

Tampoco viene la mano por las simpatías preexistentes que puedo llegar a tener por artistas, épocas o géneros musicales. Tengo mis preferencias, obviamente, pero hago un esfuerzo consciente para que no me obnubilen a la hora de escuchar cosas nuevas. Trato de darle las mismas oportunidades a todo lo que se me cruza en el camino. Y no es que me crea un campeón defensor de la más pura democracia auditiva, sino que esta actitud está conectada a cierto síndrome obsesivo-compulsivo bastante enfermizo: aborrezco la sospecha de estar perdiéndome de algo bueno sólo por prejuicioso.

Me atraen mucho las letras, claro. Esto resulta bastante obvio si uno repasa las ediciones anteriores de la sección Canción del momento, en las que suelo citar los versos que más me llaman la atención. Pero lo cierto es que más allá del caché literario que me puede dar el andar proclamando que para que me guste una canción la letra tiene que rebosar de poesía y metáfora, esto no es así. Mucha de la música que más disfruto es puramente instrumental o tiene letras simples, trilladas o directamente estúpidas.

La endeble conclusión a la que llego es que soy muy permeable a un elemento en particular: la melodía. Si puedo encontrar en una canción alguna secuencia de notas que me llame la atención, que pueda silbar en la ducha o tararear mientras paseo en bicicleta, ya existe entonces un gancho (no por nada en inglés llaman hook a la partecita más atractiva de un tema) del cual mi gusto puede colgarse. En general, cuando me enfrento con un disco por primera vez hago una especie de catálogo subconsciente de esos cachitos seductores, de manera que a la escucha siguiente, al empezar algún tema en particular, puedo pensar “¡Ah, éste es el que antes del estribillo está ese pianito que hace tararí-tarará!” y prestar más atención. Y así es que, por dos o tres segundos, puedo terminar enamorándome de un disco, un grupo o un género musical entero.

Pero qué mejor que ilustrar estos confusos conceptos con un ejemplo. The Jayhawks es (o era, porque andan algo desbandados) un grupo surgido a mediados de los años 80 que, si uno jugara al juego de la categorización, podría caer dentro de un cajón marcado como country-folk-roots-classic-rock (aunque, para evitar problemas, personalmente usaría un término anglosajón más elástico, nebuloso y a la vez conciso: Americana). Las tres canciones que hoy traigo a este rincón pueden encontrarse en el disco Smile del año 2000, un álbum algo menospreciado por sus fans históricos y los puristas del género debido a cierta pátina pop que, sin embargo, a mí me cae muy simpática.

Arranquemos entonces con A break in the clouds:

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Uf. Una cancioncita genérica de amor que parece sacada de la banda de sonido de una mala película setentosa con Dolly Parton y Kenny Rogers. Debería darme vergüenza. Pero las melodías de ese “uh, uh, uh” en el puente y (sobre todo) el estribillo tan desbocadamente esperanzado se me graban a fuego en la corteza cerebral. Ya no hay vuelta atrás.

Más pop naïf desvergonzado en I’m gonna make you love me:

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I’m gonna make you love me
I’m gonna dry your tears
We’re gonna stay together
For a million years

Voy a hacer que me ames
Voy a secar tus lágrimas
Vamos a quedarnos juntos
Por un millón de años

Creo que queda bastante claro que esta letra no aspira a destronar a los sonetos de Shakespeare, ni mucho menos. Pero ahí, entonada con ese entusiasmo tan contagioso, a mí se me hace difícil de resistir.

Para ir cerrando, mi canción favorita del disco, Broken harpoon, un amable y etéreo derroche de armonías:

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No sé si hay alguna conclusión posible después de este interminable opúsculo sin pies ni cabeza. Sospecho que The Jayhawks no son ninguna maravilla, y estoy seguro de que algunos de sus otros discos son mejores y contienen canciones con mucho más mérito artístico que las que acá elegí publicar. Pero también es cierto que, personalmente, no hubiera llegado jamás a escuchar esos otros discos y esas otras canciones si éstas no se me hubieran cruzado por el camino.

A lo que voy es que me parece que en ocasiones se menosprecia injustamente aquello que resulta accesible de buenas a primeras, como si necesariamente hubiera que sufrir y trabajar horas extra para apreciar a los verdaderos genios y sus obras. Me permito dudar cuando se equipara lo instantáneamente atractivo con lo irremediablemente banal.

Si crear cosas disfrutables en lo inmediato fuera tan simple, tan reprobable, tan digno de holgazanes y pícaros, sepan ustedes que me estaría dedicando justamente a eso.

Archivado en: Corcheas y fusas

8 comentarios

  1. Red River dijo el 27 de Febrero de 2007 a las 8:16 pm:

    Cómo que The Jayhawks no son ninguna maravilla?
    No hagas caso de los demonios que se nos suelen recostar en los hombros.
    Y disfruta de los Jayhawks.
    Que sí son una maravilla.

  2. Puck dijo el 28 de Febrero de 2007 a las 12:08 am:

    Tantos, tantos instrumentalistas virtuosos que en su vida embocaron/embocarán una canción, una música. En un todo de acuerdo con usté, Entintado -me colgué de eso en particular porque es gran tópico de murra con un par de amigos; a estos gongorinos los mandaré para acá, si me permite, a ver si se les pasa.

  3. Eduardo dijo el 28 de Febrero de 2007 a las 10:25 am:

    De acuerdo en todo, Entintado. Y para dejar las cosas todavía más claras, voy a confesar de una buena vez que estas son las razones por las que siempre me gustaron algunas canciones de Roxette. Lo dije.

  4. Amor Entintado dijo el 28 de Febrero de 2007 a las 5:53 pm:

    Red River: Es que, en realidad, no debería importar si The Jayhawks son una maravilla o no. Basta con que a uno le sirvan a la hora de disfrutar, y el resto (demonios recostados en los hombros) que se vaya a freír churros, ¿no? ¡Abrazo grande!
    Puck: Mande nomás a todos los que quiera, que acá con la barra de los Defensores de Artistas Limitados le hacemos el aguante.
    Eduardo: Qué curioso que digas eso (o quizás no tanto, dada nuestra historia de raras coincidencias en el pasado), porque justo hace un tiempito le presentaba a mi hermano la teoría de que Per Gessle (la mitad masculina y compositora de Roxette) es uno de los más notables creadores de música pop de los últimos años. La habilidad de ese muchacho para manufacturar canciones que se pasan de redonditas y tarareables es innegable. Uno de sus discos solistas, The world according to Per Gessle, es prueba caminante y contundente, y lo recomiendo sin pensarlo dos veces. ¡Saludos!

  5. amperio dijo el 28 de Febrero de 2007 a las 7:30 pm:

    Desde mi más absoluta discapacidad musical le cuento, compañero Entintado que sufro del más profundo y abyecto síndrome Zitarrosa. Don Alfredo decía, que la música gringa no iba con él. Y graficaba esta incompatibilidad contando que, cuando la escuchaba, sentía que le resbalaba, que le pasaba de largo como si tuviera puesto un piloto. Y se reconocía un imposibilitado. Tal vez por la carga ideológica que él le ponía, tal vez por vaya a saber qué cosa. Pero era así.

    Le mando un abrazo, compañero. Y gracias por compartir. Salúdeme al abejorro laburador.

  6. Amor Entintado dijo el 1 de Marzo de 2007 a las 12:35 pm:

    Amperio: Está muy bien, compañero. Yo culpo esa cierta tendencia musical anglófila a los años que me pasé en la Unidad Básica de Miami en ese intercambio cultural con la muchachada de la JotaPeFló (Juventud Peronista de Florida). Pero ustéd quédese bien tranquilo, que yo siempre guardo el más coqueto rincón de mi corazón para la bordona de Larralde y la gola del Zorzal criollo.

  7. Agustina dijo el 5 de Marzo de 2007 a las 1:39 pm:

    Debo admitir que jamas habia escuchado de ellos, pero gustaron las tres canciones que elegiste…y gracias a vos ya los puse en mi lista de canciones que tengo que bajar por iTunes.

  8. Amor Entintado dijo el 6 de Marzo de 2007 a las 10:52 am:

    Agustina: Después comente a ver qué le parecieron el resto de las canciones de estos muchachones.

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