Posts de Marzo de 2008

Maremoto de novedades

31 de Marzo de 2008

Así como un cuerpo humano aparentemente sano puede estar gestando en su interior las semillas de una espantosa infección generalizada, aquí en Amor Entintado aprovechamos los períodos silenciosos para trabajar entre bambalinas y sorprender luego a propios y extraños con una serie de anuncios que, la verdad sea dicha, no son para tanto.

Vaya entonces la lista, en orden descendente de importancia:

Que sigan los éxitos, muchachada loca.

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Haberlo sabido

24 de Marzo de 2008

Algunos optaron por dedicarse a la ingenería genética, otros se inclinaron por la epidemiología aplicada. Biólogos marinos, científicos nucleares, inseminadores artificiales, granjeros hidropónicos.

Al final, la clave para salvar a la humanidad era la especialización en lucha cuerpo a cuerpo con hormigas mutantes asesinas, pero a nadie se le ocurrió ocuparse del tema. Ahora es demasiado tarde.

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Gonzalo

19 de Marzo de 2008

Desde hace ya dos semanas somos todo susurros y cosas suaves y suspiros y dedos minúsculos y sonrisas y cursilerías melosas impresentables y mucho, muchísimo sueño.

Y no te lo cambiaríamos por nada.

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Los hermanos Macana - Click para ver en mayor tamaño

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Gonzalo y su obsesión - Click para ver en mayor tamaño

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Pabellón seis

4 de Marzo de 2008

A principios de la década del setenta, un alto directivo del Hospicio Santa Elvira (a quien el tiempo y un oportuno incendio de los archivos se ocuparon de borrar de la historia) tuvo la funesta idea de agregar un pabellón destinado exclusivamente a la implementación de un revolucionario tratamiento psiquiátrico. Eran tiempos en que el concepto conocido como “psicología inversa” alcanzaba una notable popularidad y este buen señor estimó que ese mismo principio podía aplicarse a un menjunje interdisciplinario de arquitectura y salud mental. Así fue que, con ayuda de una comisión de diseñadores algo pasados de ácido lisérgico y un catálogo de los trabajos de Escher, se abocó a la construcción de un monstruoso edificio atiborrado de espejos deformantes, escaleras que subían cuando parecían bajar, luces estroboscópicas multicolores, larguísimos pasillos que no llevaban a ninguna parte, habitaciones a las que se podía entrar pero de las cuales era imposible salir, y un sinnúmero de trucos alucinatorios de calaña semejante. La teoría, claro está, sostenía que el enfrentamiento entre una psiquis desequilibrada y un medio ambiente igualmente retorcido resultaría en una reversión milagrosa de los síntomas, y los pacientes podrían entonces ser dados de alta con una celeridad inaudita.

Lo cierto es que la efectividad del tratamiento jamás pudo comprobarse. A medida que se iban dando los últimos toques a la flamante edificación, muchos empleados abocados a la construcción comenzaron a perder la razón por tener que trabajar en semejante ambiente de pesadilla. De hecho, ya en el tramo final de la obra, un nutrido grupo de decoradores, pintores, albañiles y yeseros entró una mañana al pabellón para nunca más salir. Se organizaron algunos grupos de rescate, pero todos terminaron en desastre: los pocos afortunados que lograron retornar de las fauces del monstruoso edificio sufrieron secuelas emocionales irreversibles, y el resto se agregó a la lista de desaparecidos. Luego de perder más de un centenar de almas, se terminó por abandonar, con buen tino, la idea de utilizar el lugar.

El pabellón seis está hoy completamente clausurado, sus portones y ventanales tapiados con gruesos planchones de madera oscura. Nadie entró o salió del edificio en años. Pero cuentan los psiquiatras más veteranos del hospicio que si uno acerca el oído en las tardes tranquilas, las rendijas suelen dejar escapar una espantosa mezcla de carcajadas demenciales y alaridos de horror (se hace difícil distinguir cuál es cuál).

(Entregas anteriores en esta saga: ¡Salud!, Guardias)

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