Fragmentos inconexos

Instantáneas de invierno

4 de Julio de 2007

Hogar, dulce hogar - Click para ver en mayor tamaño

Hogar, dulce hogar - Click en la imagen para verla en mayor tamaño

A alguien se le ocurrió armar una hoguera en un rincón del estacionamiento, con la idea de usarla en defensa propia. Pero resulta que a los zombies no los asusta el fuego. Y a juzgar por el placer que rezuman sus ojos muertos, es muy probable que los cerebelos asados al limón sean un verdadero manjar.

- - 0 - -

Pasta para mí, pasta para todos - Click para ver en mayor tamaño

Pasta para mí, pasta para todos - Click en la imagen para verla en mayor tamaño

En el simpático folleto que nos dieron al entrar a trabajar a la fábrica de fideos se olvidaron de mencionar algunos detalles, pequeños pero importantes: las uñas siempre amarillentas, los pulmones llenándose lenta e inexorablemente de harina, la imposibilidad de mantener una dieta baja en carbohidratos.

Archivado en: Daguerrotipos Digitales, Fragmentos inconexos | Comentarios: 8 comentarios

No digas que no te avisé

5 de Enero de 2007

Vos suponés que cuando llegue ese momento vas a poder dedicarte a mirar lánguidamente por la ventana mientras le das una larga pitada al cigarrillo y cruzás las piernas para que asomen un poco más tus medias azules. Anticipás una transición civilizada, repleta de sonrisas, apretones de manos y planes para encontrarse a cenar. Das por descontado que los candelabros estarán siempre relucientes y que alguien se ocupará de que las ventanas no chirríen al abrirse con el viento.

Pero yo vine hoy para advertirte que las cosas se van a complicar bastante. Ellos van a calzar botas viejas, pesadas, ruidosas y llenas de barro. Algunas de las fotocopias estarán manchadas con sangre, otras redactadas en alemán o polaco. En lugar de festivales y siestas te encontrarás con trifulcas, intoxicaciones y desollamientos. No habrá oportunidad de estrenar ninguno de tus flamantes vestidos y vas a terminar tratando de disimular las lágrimas mientras alguien, irremediablemente borracho, silba una polca desafinada en el patio.

Después no digas que no te avisé.

Archivado en: Fragmentos inconexos | Comentarios: 10 comentarios

En el baño es complicado

10 de Octubre de 2006

En el baño es complicado, porque no hay espacio para maniobrar y cada movimiento, por mínimo que sea, se topa enseguida con alguna arista de cerámica, dura y fría. Es también muy probable que alguno de los tornillitos se nos resbale de los dedos y termine escurriéndose por los huecos de la rejilla del desagüe, entre el inodoro y el bidet. Encontrar algún rincón libre para almacenar los flanes es siempre una tortura, obviamente, y la acústica será muy apta para cantar en solitario pero el eco se torna bastante molesto a la hora de armar un canon decente. Encima, entre la humedad natural de la zona y el vapor de la ducha, estas membranas suelen pegotearse enseguida a los azulejos, y si uno llega a dormirse apoyado contra la pared después es un tremendo problema levantarse sin perder un pedazo de ala.

Por eso digo que el ambiente ideal para completar tranquilamente el proceso es siempre el garaje, o en su defecto algún placard viejo forrado de papel de colores y al que entre algo de luz por una rendija, pero únicamente a la tardecita, eso sí.

Archivado en: Fragmentos inconexos | Comentarios: 12 comentarios

Maldita armonía

25 de Abril de 2006

Apenas se sentó en la única silla vacía que quedaba supe que no iba a tener otro remedio que odiarlo.

El principal (y, sinceramente, único) problema radicaba en la perfección de su rostro. No me refiero al concepto de belleza clásica aunque, a juzgar por los gestos amistosos y las risitas de Alicia, quizás fuera un tipo atractivo. Lo que a mí me repugnó inmediatamente fue que todo en su semblante era demasiado armónico, demasiado calculado.

Para empezar, la simetría bilateral era impresionante: parecía que sólo se hubieran ocupado de dibujar una de las mitades de su cara y luego, perezosos, hubieran completado la otra con ayuda de un espejo. Y esta precisión geométrica, lamentablemente, continuaba en el resto de las facciones. Las orejas, por ejemplo, ocupaban el tercio intermedio de la altura total de la cabeza, ni un milímetro más ni un ápice menos. Cuando sonreía, en un arco perfecto, las comisuras de la boca se alineaban obedientes con los extremos de sus ojos. Y hubiera apostado buena plata a que el número de vellos en cada una de sus insoportablemente idénticas cejas era el mismo.

Tomé la decisión de dejar de dirigirle la mirada por el resto de la tarde para no seguir alimentando mi desagrado, que por otro lado me molestaba por lo caprichoso e injusto. Prendí un cigarrillo y procedí a concentrarme en la punta de mis zapatos.

Archivado en: Fragmentos inconexos | Comentarios: 7 comentarios