Pepitas de barro
Ahí va queriendo
25 de Octubre de 2007
Ah, ¿ya lo instalaste? A ver, giralo un poquito más hacia la derecha y levantalo un par de centímetros. Fijate si podés acomodar los cables para que queden paralelos a las líneas de la pared. Estirá bien el pedacito de tela que sobresale por abajo así no se le marcan las arrugas. El dial de la derecha debería apuntar siempre a la marca que dice “A” y el de la izquierda tiene que estar en “OFF” porque todavía es de día. Que no quede apoyado demasiado cerca de la ventana porque la humedad de la lluvia puede hinchar los revestimientos. No te olvides de despegar los protectores de la parte de atrás. Tendríamos que ir comprando algunos rollos de papel manteca para tener de repuesto, por las dudas. Ojo con los gatos, que al modelo anterior le mordisquearon los volados y la palanquita del costado y terminó hecho un desastre. También podrías llamar para reservar un turno de servicio, porque al mes de uso ya hay que llevar a limpiar los filtros y si nos dejamos estar no vamos a conseguir lugar en ningún lado. Y ya que estás apagame el velador que me da un reflejo molesto y no lo veo bien.
Ahora sí, ahí va. Ahí va queriendo.
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Casi, casi
20 de Septiembre de 2007
Llama el doctor temprano para decirme que la biopsia salió bien y que el bulto es benigno. Los tomates del almuerzo están excepcionalmente jugosos y rojos. Por la tarde, a la sombra de un sauce de la plaza, María me besa por primera vez. La voz engolada del presentador del sorteo vespertino anuncia que los números que vengo jugando religiosamente son los únicos beneficiados con el millonario pozo acumulado.
Pero cuando estoy por acostarme me golpeo sin querer con la pata de la cama justo a la altura del dedo chiquito del pie y, la verdad, ya no estoy tan seguro de que éste sea el mejor día de mi vida.
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No está tan mal
11 de Septiembre de 2007
A veces sueño que respiro debajo del agua durante dos semanas enteras. Puedo pasar horas recordando al detalle el olor del pelo de todas mis novias, las reales y las imaginarias. Siempre hay sol y es de día, salvo que yo decida pasar una noche lluviosa, como para variar un poco. Mi mamá pasa a visitarme mucho más seguido que antes.
La verdad es que “estar en coma” tiene connotaciones demasiado negativas. Si pudiera hablar, yo propondría “hiperrelajación prolongada”.
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Desde el extranjero
26 de Agosto de 2007
Estamos lejos, demasiado lejos de casa. Acá el aire huele diferente y hay animales extraños: moscardones dorados, patos que graznan en escalas pentatónicas y unas lagartijas minúsculas que tienen la costumbre de detenerse en plena carrera y mirarnos intensamente a los ojos, como si supieran. Como si supieran exactamente.
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Acefaleas
3 de Agosto de 2007
Ayer volvieron las migrañas, tal como temíamos. El doctor Álvarez me advirtió que, en casos extremos, podrían causar alteraciones en mis facultades sensoriales, perceptivas y espaciales. Yo creo que exagera. Son dolores intensos, pulsantes, ligeramente ovalados, tibios cerca de los bordes, teñidos de carmesí y algo crocantes, pero dudo que lleguen a afectarme a tal extremo.
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Post-apocalipsis now!
24 de Julio de 2007
Los pocos científicos que quedan se dedican a llenar pizarras con gráficos y ecuaciones que justifican muy racionalmente todo lo que está pasando: el cielo constantemente teñido de dorado y verde, la lluvia con gusto a panqueque, las bananas venenosas.
Pero hasta que no le encuentren una buena explicación a las jaurías de hamsters alados, no pienso salir de mi cama.
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Confesionario
28 de Junio de 2007
Me regocija enumerar, listar, reiterar, repetir, insistir, machacar, recalcar, reincidir, redundar, abusar horriblemente de los sinónimos y terminar, siempre y sin excepción, cansando a los desafortunados lectores que se atreven a llegar hasta el desabrido punto final.
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Conspiración urbana
20 de Junio de 2007
En este momento, en la cocina de un departamento de planta baja a seis cuadras de este escritorio, una conversación que se presentaba relativamente animada cae en una pausa incómoda que durará exactamente trece segundos. Veinte metros más arriba, en el 4to D, una cincuentona de pantuflas despelusadas pela una naranja como quien no quiere la cosa. Si esta señora girara apenas su cabeza hacia la derecha vería que, justo enfrente, el paredón lateral izquierdo de la ferretería luce una mancha de humedad de asombrosa semejanza al trazado de trenes subterráneos de Buenos Aires. A la vuelta de la esquina, un vientito repentino se arremolina en los zaguanes del lado del sol, despeinando los humildes jardines de malvones, yuyos y tierra. Por esa misma vereda, cinco personas enfilan hacia el norte y sólo dos, un muchacho de sobretodo gris con aspecto de coiffeur salvaje y una viejita algo destartalada, apuran simultáneamente el paso y se dirigen hacia el sur.
Estos hechos, tan inconexos e inofensivos en apariencia, no son otra cosa que el comienzo sincronizado de la más devastadora conspiración que nuestro mundo jamás haya experimentado. Pero cuando el horror que desate sobre el planeta sea ya un recuerdo y los historiadores del futuro indaguen en sus secretos orígenes, habrá por lo menos una pista que los desenmascare sin titubeos: nada más ni nada menos que el párrafo anterior.
Lástima que hoy no sirva siquiera de consuelo.
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