—¡Por Dios, no seas necio! —gritó Anita, exasperada. —Tenés que entender que esto es la vida real y que no podés ir y apagarla simplemente porque no te gusta.

Algo ajeno a todo el asunto, Ernesto fijó la vista en un punto imaginario justo arriba del hombro izquierdo de Anita y click.

 

El urk es, sin duda, uno de los lenguajes más difíciles de dominar. Cuenta con 620 palabras, 619 de las cuales significan lo mismo: “mi alegre balcón enrejado”. El vocablo restante (justamente, “urk”) se utiliza para todo el resto de los posibles conceptos a ser comunicados, distinguiéndose su significado específico en cada situación en base a tono, pronunciación, volumen, contexto, posición de las manos, hora del día, humedad relativa ambiente, color de la ropa interior, cotización del dólar, nivel de colesterol y número exacto de personas llamadas Eduardo en un radio de diez cuadras.

 

Ahí se ve que ella sonríe, festejando el chiste, pero bien puede ser una mueca nerviosa causada por el horror. De fondo hay unos arbustos que se mecen con el viento, o quizás un grupo de espectadores con la cara tapada. Las sombras largas indican claramente que es bien tarde o bien temprano. Por los atuendos y otros detalles, estimamos que la escena ocurre en algún momento entre el siglo XVII y ayer mismo. Habrá que revisar la cinta un par de veces más para poder determinar si se trata de un corto documental danés o un fragmento de la filmación de una cámara de seguridad en el aeropuerto de Guayaquil. ¿Tenemos tiempo?

 

Pasamos las mañanas rebotando en las paredes por los pasillos de las barracas, jugando carreras en las que no está permitido pisar el suelo. El precio de flotar al nacer son los huesos frágiles, los pulmones que silban, estos bracitos contrahechos. Nuestros duraznos son grandes y jugosos pero tienen un irremediable gusto a polvo. En las noches de tierra llena, fijamos la vista en la esfera verdosa y soñamos con jugar un partido de fútbol decente.

Preferimos el término “selenitas”. “Lunardos” suena tan despectivo.

 

Esta foto es, sin ninguna duda, mi favorita de todo el montón: desde este ángulo, la mueca de espanto parece una sonrisa pícara, los manchones de sangre se confunden con las flores del estampado, los muñones quedan ocultos por el faldón de terciopelo y el resplandor del incendio le da un tono cálido a toda la escena. La verdad es que salió muy, muy linda.

 

(Tragicomedia plagiada en un acto)

(Interior de la jefatura de policía de Villa Espuria. Tarde.)

Sargento Faloppa: ¡Inspector! ¡Inspector! Hemos recibido algunos reportes poco confiables acerca de la supuesta desaparición de una fotografía de la reproducción postiza de una vasija apócrifa del siglo IV A.C. perteneciente al imaginario pueblo de los Artificeos, la cual se exhibía hasta hoy en el Pseudomuseo de Villa Espuria.

Inspector Truccio: ¡Pronto! Pídale a nuestro artista que realice un boceto en base a los recuerdos naturalmente inexactos de los testigos, fotocópielo y luego envíelo via fax a todas las dependencias de la zona. Eso debería liberarnos de la posibilidad de seguir cualquier pista falsa.

(Piadoso telón de oropel)

 

Algunos optaron por dedicarse a la ingenería genética, otros se inclinaron por la epidemiología aplicada. Biólogos marinos, científicos nucleares, inseminadores artificiales, granjeros hidropónicos.

Al final, la clave para salvar a la humanidad era la especialización en lucha cuerpo a cuerpo con hormigas mutantes asesinas, pero a nadie se le ocurrió ocuparse del tema. Ahora es demasiado tarde.

 

Al fin llegaste. Tardísimo, agotado, la corbata floja y los cordones desatados, una tos seca sacudiéndote la papada, los bolsillos repletos de migas y vacíos de monedas, perdida ya la capacidad de expresarte en forma coherente, apestando a azufre, sangre seca bajo las uñas, órdenes de captura libradas a tu nombre en catorce países, material de pesadilla de niños y adultos por igual, todo escamas y cuernos y dientes y el más abyecto espanto.

Pero al fin llegaste. Pasá, ponete cómodo.

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