Tinta Personal
Idilio de primavera
13 de Octubre de 2006
Desde hace ya algunas semanas, el Clan Entintado cuenta con una nueva integrante entre sus filas. Estrellita es su feroz nombre y desde un primer momento se ha empeñado en cumplir con notable ahínco las diferentes tareas que le fueron encomendadas: reducir a jirones babosos cualquier elemento que se encuentre a una distancia no mayor a cincuenta centímetros del suelo, seleccionar siempre un rincón distinto de la casa para transformarlo en su excusado personal y despertar a base de sonoros lengüetazos en el rostro a cualquiera que ose intentar dormir a las cuatro de la mañana.
Don Mateo, lejos de sentirse amenazado por perder el título honorario de “miembro más diminuto de la banda”, se dejó contagiar por las brisas primaverales que corren por estas pampas y dedicó todas sus habilidades románticas a ganarse el cariño de la recién llegada (cosa que no le costó demasiado, según comprobarán en las imágenes que aquí ofrecemos).
Besos acolchados - Click en la imagen para verla en mayor tamaño
Compartiendo siesta - Click en la imagen para verla en mayor tamaño
Así que ya lo saben: tengan mucho cuidado con las andanzas de este temible dúo de malvivientes. Tiemblan Bonnie y Clyde.
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Volviendo a casa
28 de Septiembre de 2006
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Dicen que el tiempo pasa
25 de Septiembre de 2006
Hace dos años y un día:

Ayer nomás:
Mateo cumpliendo dos años - Click en la imagen para verla en mayor tamaño
Ocho kilos más, los mismos remolinos endemoniados en el pelo.
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Esas pequeñas cosas
20 de Septiembre de 2006
Un rato antes de embarcar para volvernos a Buenos Aires me asaltó (como siempre) esa desesperación de no tener nada para leer durante el vuelo, en caso de que no pudiera dormir. Así fue que entré a uno de los varios puestos de libros y revistas que se multiplican en el aeropuerto y pasé a revisar pacientemente la oferta literaria. Me terminé decidiendo por Never let me go (traducida al castellano como Nunca me abandones), la más reciente novela del japonés-británico Kazuo Ishiguro. Ya había disfrutado antes de su estilo sobrio y delicado (casi se diría untable), así que supuse que no podría estar equivocándome demasiado en mi elección.
Portada - Click en la imagen para verla en mayor tamaño
Como también suele ocurrir, no llegué a leer más de un capítulo en el avión antes de caer desmayado por el sueño, despatarrado en alguna pose invariablemente indigna. El pobre libro entró entonces en modo “lectura fuera de período vacacional”, en el que apenas puedo encontrar el tiempo para avanzar, con suerte, seis o siete páginas por día. Varios de los volúmenes que en el pasado cayeron en este limbo terminaron siendo abandonados, casi siempre injustamente.
Pero eso no está ocurriendo en este caso, y creo que se debe a circunstancias totalmente ajenas a sus méritos artísticos. No es que la historia no me atrape (de hecho, me resulta bastante entretenida, más allá de un trasfondo argumental algo remanido en estos últimos años), pero lo cierto es que hay pequeños detalles de diseño que están actuando como imanes subconscientes.
Por poner un ejemplo, me atrae muchísimo la tipografía que eligieron. Busqué el nombre en la referencia técnica de las primeras páginas, pero no supe encontrarlo. Es bastante genérica, pero hay ciertos rasgos (la patita alargada de la R mayúscula, las serifas en la y minúscula apuntando todas para el mismo lado) que me resultan fascinantes.
Detalle interno (uno) - Click en la imagen para verla en mayor tamaño
Pero lo que más me seduce, por lejos, son los minúsculos garabatos antropomórficos que cada tanto marcan algún salto dentro de la narración. Hay varias docenas a lo largo del libro, todos distintos entre sí. No sé todavía si tienen algo que ver con la trama, pero lo cierto es que cada vez que levanto el libro me propongo como meta tácita llegar hasta el próximo dibujito, para quedarme después estudiándolo por un rato, embobado.
Detalle interno (dos) - Click en la imagen para verla en mayor tamaño
Detalle interno (tres) - Click en la imagen para verla en mayor tamaño
Detalle interno (cuatro) - Click en la imagen para verla en mayor tamaño
Vaya uno a saber cuántas veces, a lo largo de mi vida, terminé dándole mayor relevancia que la merecida a algo debido a cositas así, tan intrascendentes a primera vista pero planeadas seguramente con gran cuidado.
Al final va a resultar que los especialistas en marketing subliminal tuvieron siempre toda la razón.
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Suspensión inanimada
24 de Agosto de 2006
Una de las razones para la relativa quietud en estas páginas (además de la ya acostumbrada vagancia de las musas de su autor, por supuesto) es que el campamento Entintado está en pleno preparativo viajero. Estaremos alejados de nuestros pagos por un par de semanas, en un pequeño periplo que mezclará placer, negocios y actividades sociales en partes más o menos iguales.
Debido a las actuales circunstancias tecnológicamente restrictivas a la hora de abordar vuelos internacionales, por todos harto conocidas, hemos desistido de la idea de llevarnos la computadora portátil. Esta difícil decisión se traduce en una muy baja probabilidad de que este espacio sea actualizado desde allende nuestras fronteras (a diferencia de lo que ocurrió en nuestra aventura mundialista). Aprovecho entonces estas líneas para avisarles de esta breve suspensión y de paso pedirles que nos cuiden el chiringuito: con regar el potus día por medio y cada tanto sacudir las telarañas nos alcanza y sobra.
De todas maneras, para que nuestros habituales lectores no nos extrañen demasiado (larga pausa para carcajadas incontenibles), les dejamos un regalito de despedida ante nuestra breve ausencia. Se trata de una sentida interpretación de la afamada canción “El payaso Plim Plim” a cargo del notorio cantante melódico romántico contemporáneo conocido como Monsieur Mateo, capturada algunas semanas atrás en un íntimo recital en La Maison Tintée:
Nos leemos a la vuelta, mis amigos.
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Estrella del camino
17 de Julio de 2006
La ruta serpentea allá adelante, como una tentadora lengua de pavimento pegajoso. Ronroneando bajo sus dedos, el motor parece rogar por más. En ese preciso instante, un solo bestial de slide derrite los parlantes y hace que Buenos Aires y Detroit se confundan en un mismo ahora. ¿Existe acaso alguna otra opción, excepto cerrar fuerte los ojos, sacudir la cabeza y pisar a fondo el acelerador?
Hoy la noche está, bien literalmente, en pañales.
(Imágenes sin sonido debido a la irremediable ineptitud del camarógrafo)
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Título temporario
6 de Julio de 2006
Si en este momento me propusieran dedicarme a una tarea que involucre algún tipo de título temporario sobreimpreso en una pantalla de televisión, no lo pensaría dos veces y elegiría ser “enviado especial”. Hay tantas connotaciones positivas en cada una de esas dos palabras que resultan simplemente irresistibles.
En primer lugar, ser enviado involucra por definición algún tipo de viaje, y conocer nuevos horizontes o volver a visitar algún punto remoto es siempre enriquecedor. Adicionalmente, el hecho de que allí ocurra algo que provoque la frase “¡Epa! ¡Tenemos que mandar a alguien de inmediato!” significa que uno será testigo de eventos dignos de la atención del gran público.
Existe también un tema directamente relacionado con el ego: si están decidiendo enviarme a mí en lugar de utilizar los servicios de alguien que ya se encuentre en el lugar de marras, con los obvios ahorros que esto significaría, entonces es claro que mis características personales justifican la inversión. Y es ahí donde entra la palabra “especial” en la ecuación: no soy un enviado cualquiera, no señor. Hay algo en mí que me aparta del resto de los mortales. Podrían haber comisionado a otro, pero la magnitud de la ocasión amerita que sea yo quien se ocupe del tema. ¡Abran paso, mediocres, que acá llega el enviado especial!
Sí, ese sería hoy mi sueño, definitivamente. Pero también debo confesar que mi aspiración secreta, mi deseo más íntimo, es tener una larga, fructífera y respetada carrera, para que así algun día, en alguna pantalla, mi nombre se vea engalanado con la credencial efímera más codiciada: “estrella invitada”.
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Empacándonos
5 de Junio de 2006
(Componentes de valija: 85% Madame Entintada - 15% Otros acompañantes)
Cuando en el post anterior hablé de un desparramo de pasaportes, medias y calzoncillos, lo mío no era simplemente una elegante figura poética.
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