Esto es sólo para decir

6 de Mayo de 2008

He vaciado
el dinero de la cuenta
que estaba
en el banco

y que
vos probablemente
estabas guardando
para tu operación

Disculpame
había tantos ceros
tan redondos
y tan perfectos

—o—

Me he fugado
con la señorita
que estaba
en tu cama

y que
vos probablemente
estabas guardando
para casarte

Disculpame
estaba dormida
tan brillante
y tan tibia

(Un par de parodias irreverentes del fantástico poema de no-disculpa This is just to say, de William Carlos Williams)

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El inusual caso Pizzorni

27 de Abril de 2008

El inusual caso Pizzorni - Click para ver en mayor tamaño

En este weblog vudú se siguen resucitando secciones muertas (valga la redundancia).

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Canción del momento XVIII

24 de Abril de 2008

Así, tan repentinamente como alguna vez desapareció, vuelve a estas páginas una de sus secciones más populares: la nunca olvidada Canción del momento. ¡A destapar esas botellas de Dom Perignon que tenían reservadas para esta ocasión, amigas y amigos!

Y para celebrar tan esperado retorno, nada mejor que hacerlo con un artista que es un favorito de la casa desde hace largo rato, pero que por una razón u otra todavía no había hecho su aparición en esta pantalla.

Flaco y a la vez panzón, algo zaparrastroso en el vestir, pelado, de profusa barba rojiza raramente retocada, Will Oldham parece ser la antítesis de la estrella de rock. De hecho, su tendencia a los seudónimos musicales (Palace Brothers, Palace Music, Palace, Bonnie “Prince” Billy y vaya uno a saber cuántos más) y a colaborar con otros músicos a diestra y siniestra parece indicar una sana renuncia al masaje de ego tan prototípico en el músico popular contemporáneo.

Pero a lo que el bueno de Will raramente renuncia es a la belleza en su música, como bien se puede apreciar en la canción Way, del disco Master and Everyone (2005):

Personalmente, me da la sensación de que Oldham, con esa tendencia a subordinar la afinación al sentimiento, es un gran creador de climas. Un rotundo ejemplo es Strange form of life, de su disco del 2006 llamado The letting go. Yo sigo sosteniendo que si por alguna razón mi funeral es celebrado a la vera de alguna ruta desértica a la hora del ocaso, esta canción (a caballo de ese glorioso estribillo instrumental) resultaría la banda de sonido perfecta para el momento:

Mi canción favorita de este buen señor es, sin lugar a dudas, la fantástica I gave you, compuesta a dúo con Matt Sweeney e incluida en el disco Superwolf, del año 2005:

La letra es sencillamente devastadora (y el videoclip es aún mejor - en serio, no se lo pierdan). Que quede claro que la apurada y chapucera traducción que incluyo acá abajo no le hace ningún tipo de justicia.

Te dí un hijo y vos no lo quisiste
Es lo más que tengo para darte
Te dí una casa y no la frecuentaste
Ahora dónde se supone que voy a vivir

Te dí un árbol y no lo abrazaste
Te dí una pesadilla y no la perseguiste
Te daría un sueño pero no harías otra cosa que despertarte
Ahora nunca voy a volver a dormir
Te daría un tesoro pero no harías otra cosa que robar de él
Mirá el agujero donde antes hubieron joyas

Nena, oh nena, por qué tenés que escaparte
De este amor que alguna vez llamamos amigo

Te dí mi cuerpo y comiste hasta saciarte
Te dí diez vidas y malgastaste veinte
Ahora estoy parado vacío, desamparado y desnudo
Sin una migaja más de mí para dar
Y vos, vos te desvaneciste en el aire
Este aire en el que tengo que vivir

Y ahora es mi turno de desvanecerme en el aire en el que les toca vivir. Espero que lo hayan disfrutado.

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Maremoto de novedades

31 de Marzo de 2008

Así como un cuerpo humano aparentemente sano puede estar gestando en su interior las semillas de una espantosa infección generalizada, aquí en Amor Entintado aprovechamos los períodos silenciosos para trabajar entre bambalinas y sorprender luego a propios y extraños con una serie de anuncios que, la verdad sea dicha, no son para tanto.

Vaya entonces la lista, en orden descendente de importancia:

Que sigan los éxitos, muchachada loca.

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Haberlo sabido

24 de Marzo de 2008

Algunos optaron por dedicarse a la ingenería genética, otros se inclinaron por la epidemiología aplicada. Biólogos marinos, científicos nucleares, inseminadores artificiales, granjeros hidropónicos.

Al final, la clave para salvar a la humanidad era la especialización en lucha cuerpo a cuerpo con hormigas mutantes asesinas, pero a nadie se le ocurrió ocuparse del tema. Ahora es demasiado tarde.

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Gonzalo

19 de Marzo de 2008

Desde hace ya dos semanas somos todo susurros y cosas suaves y suspiros y dedos minúsculos y sonrisas y cursilerías melosas impresentables y mucho, muchísimo sueño.

Y no te lo cambiaríamos por nada.

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Pabellón seis

4 de Marzo de 2008

A principios de la década del setenta, un alto directivo del Hospicio Santa Elvira (a quien el tiempo y un oportuno incendio de los archivos se ocuparon de borrar de la historia) tuvo la funesta idea de agregar un pabellón destinado exclusivamente a la implementación de un revolucionario tratamiento psiquiátrico. Eran tiempos en que el concepto conocido como “psicología inversa” alcanzaba una notable popularidad y este buen señor estimó que ese mismo principio podía aplicarse a un menjunje interdisciplinario de arquitectura y salud mental. Así fue que, con ayuda de una comisión de diseñadores algo pasados de ácido lisérgico y un catálogo de los trabajos de Escher, se abocó a la construcción de un monstruoso edificio atiborrado de espejos deformantes, escaleras que subían cuando parecían bajar, luces estroboscópicas multicolores, larguísimos pasillos que no llevaban a ninguna parte, habitaciones a las que se podía entrar pero de las cuales era imposible salir, y un sinnúmero de trucos alucinatorios de calaña semejante. La teoría, claro está, sostenía que el enfrentamiento entre una psiquis desequilibrada y un medio ambiente igualmente retorcido resultaría en una reversión milagrosa de los síntomas, y los pacientes podrían entonces ser dados de alta con una celeridad inaudita.

Lo cierto es que la efectividad del tratamiento jamás pudo comprobarse. A medida que se iban dando los últimos toques a la flamante edificación, muchos empleados abocados a la construcción comenzaron a perder la razón por tener que trabajar en semejante ambiente de pesadilla. De hecho, ya en el tramo final de la obra, un nutrido grupo de decoradores, pintores, albañiles y yeseros entró una mañana al pabellón para nunca más salir. Se organizaron algunos grupos de rescate, pero todos terminaron en desastre: los pocos afortunados que lograron retornar de las fauces del monstruoso edificio sufrieron secuelas emocionales irreversibles, y el resto se agregó a la lista de desaparecidos. Luego de perder más de un centenar de almas, se terminó por abandonar, con buen tino, la idea de utilizar el lugar.

El pabellón seis está hoy completamente clausurado, sus portones y ventanales tapiados con gruesos planchones de madera oscura. Nadie entró o salió del edificio en años. Pero cuentan los psiquiatras más veteranos del hospicio que si uno acerca el oído en las tardes tranquilas, las rendijas suelen dejar escapar una espantosa mezcla de carcajadas demenciales y alaridos de horror (se hace difícil distinguir cuál es cuál).

(Entregas anteriores en esta saga: ¡Salud!, Guardias)

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Al fin llegaste

23 de Enero de 2008

Al fin llegaste. Tardísimo, agotado, la corbata floja y los cordones desatados, una tos seca sacudiéndote la papada, los bolsillos repletos de migas y vacíos de monedas, perdida ya la capacidad de expresarte en forma coherente, apestando a azufre, sangre seca bajo las uñas, órdenes de captura libradas a tu nombre en catorce países, material de pesadilla de niños y adultos por igual, todo escamas y cuernos y dientes y el más abyecto espanto.

Pero al fin llegaste. Pasá, ponete cómodo.

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